domingo, 18 de febrero de 2018

Uriel Martínez (1950 )

Las mujeres ropero



Las mujeres ropero guardan al fondo
cartas de amor añejas de olor a lavanda,
en pequeños atados con distintos
remitentes y tinta desleída.

Ellas apuestan a que un día volverán
antiguos pretendientes olvidados en cajones
de roble, en gavetas almacenadas
en el cuarto de trebejos.

Las mujeres ropero salen después del almuerzo
a dar la vuelta como gesto piadoso a su digestión,
aprovechan el viaje y se cumplen el antojo
de nieve de pistache rociada con mermelada roja.

Siguen cabalmente la conseja: "pide
un sorbete y un café, una coca cola para llevar
y que los demás digan misa'. Viven contentas
con su buena fortuna.

Tienen un perchero ellas en cada habitación,
ropa suficiente en el ropero, tallas cuarenta y
extra grandes para los días especiales que nunca,
nunca llegan.

Las mujeres ropero tienen una ventana de comunicación
con el mundo, ahí exhiben fotos de hace años y omiten
la confesión de su verdadera edad, ocultan en cartas
de antaño mechones de pelo y otros souvenirs.

En sueños van y vienen, se dejan llevar por un caballero apuesto
del que han olvidado nombre y heráldica.

Juran que así viven felices.


[Inédito]

sábado, 17 de febrero de 2018

Alfredo Pérez Alencart (1962 )

Decimos hoy



Decimos que la voz del justo nunca es un amuleto

y que siempre está de viaje hacia su múltiple destino,

pues rema o centellea dentro de un corazón litigando

por rasgar patrañas y bostezos de los confabuladores.



Decimos que todavía nieva sobre la cruz inabarcable

y que siguen floreciendo enfebrecidas tardes muertas

donde acampan los que urden estragos o traiciones.



Decimos que ante el Poeta no hay adiós cielo arriba

y sí hermandad vertiginosa acogiéndolo con palmas

antes, durante y después de ardientes resurrecciones.



Decimos que no existe tregua al momento de Amar,

que el querer se cuece a fuego lento, tomando forma

en el equilibrio de dos que van soldándose en uno.



Decimos que la envidia es el infierno que más quema

y que sus denodados tentáculos atraviesan centurias,

igual que en días remotos, con sus hirientes certezas.



Decimos que se debe ser fuerte y resistir iniquidades

con las manos en alto bajo el son del sosiego, bajo

el blanco alud ultramundano que patrulla cual ángel.



Decimos hoy que hemos tallado nuestros nombres

huéspedes en todas las piedras de la ciudad  dorada.



(Para el Poeta que no envejece


ni en cinco siglos a la redonda)



Poema final


La mujer del poeta no tiene sosiego,
sabe de fábulas que nunca terminan,
de sueños azules turbando los días,
se duele de veras de ingratos amigos.
Vuelve el poeta, intuye unas lágrimas
y con voz cálida le dice ‘te quiero’
recitando en su vientre odas benditas.
Y brilla la casa y cuida a su niño
y va leyendo un clásico latino,
y añora, Señor, todo lo suyo,
la familia, el río, las hojas caídas.
De nuevo su vida recobra la gloria,
prosigue su amor desafiando tormentas,
pidiendo tan solo al Dios del destino
que crezca su niño y se haga poeta.

("crear en salamanca" y "no me quites paz")

viernes, 16 de febrero de 2018

Santiago Sylvester (1954 )



Hamlet en el mercado



También nosotros podemos, como Hamlet,
sostener la calavera
y hacer las conjeturas de la angustia,
preguntas sin paliativo que sólo tienen, como él,
un estado de emergencia.

Algunos, sin embargo, no preguntan:
usan la calavera para abreviar la desgracia.
Ahí está, por ejemplo, ese ciego
que cambia ceguera por conmiseración,
la puta de ojos exagerados que no cree en los hombres
pero los acoge con amabilidad,
el niño-monstruo, el pintor sin brazos,
el sordomudo hábil en juegos adivinatorios,
el gitano de la cabra que saca aplauso de la miseria de ambos.
Cada uno con su calavera,
con su sonrisa en mitad del espanto,
ahuyentando la duda con voluntad socrática,
conociéndose a sí mismo para poder comer.


("el poeta ocasional")

jueves, 15 de febrero de 2018

Federico Díaz-Granados (1974 )

Suenan timbres


                                    homenaje a luis vidales

Golpean, llaman.
Suenan timbres en la casa.
Alguien busca algo a horas imprevistas.
Serán de la oficina postal
o los mormones ofreciendo Biblias.
Algún extranjero despistado
o el mendigo que viene por su ración de pan.
Será la vecina que quiere hablar sobre la carestía
o su esposo el prestamista a cobrar los intereses.
Quizá el plomero
o la gitana a pronosticar malos días,
extrañas pestes y fuertes infecciones.
Quién golpeará a esta hora inoportuna.
No es el amor,
no es el hijo, ni mi padre.
Seguro será la muerte y el ropavejero
que vienen por mi cuerpo con su derrota
o el casero a desalojar,
que es lo mismo.


Encuentros



Si te estrellas de frente con mi corazón
no huyas y no intentes tus huellas dactilares
tampoco lo dejes por ahí a merced de algún desprevenido transeúnte
y no lo escondas, como al hijo torpe, de las visitas.

Si lo ves mordido en los bordes como un viejo borrador de la primaria
somételo a una calle de lluvias y remates
Alguien se encartará con tan pesado encargo lleno de canciones incendiadas
y viejas vajillas en deshuso
Alguien lo agitará queriendo oír alguna voz
como quien golpea durante horas una casa vacía .

O si lo llegas a ver entre mis ruinas déjalo en la calle.
que este corazón de prisas y tardanzas siempre se acomodó mejor a la intemperie.

("punto de partida" y "no me quites paz")

miércoles, 14 de febrero de 2018

Dana Gioia (1950 )

Al plantar una secoya


Toda la tarde mis hermanos y yo hemos trabajado en el huerto.
Excavamos un hoyo, te plantamos en él
Y cuidadosamente emparejamos la tierra.
La lluvia oscurecía el horizonte
Pero lo conservaba el viento helado
Sobre el Pacífico.
El cielo encima de nosotros mantenía la grisura
De un año viejo que llegaba a su fin.

En Sicilia los padres plantan un árbol para celebrar
El nacimiento de su primogénito,
Una higuera o un olivo, un signo
De que la tierra debe soportar una vida más.
Yo hubiera hecho lo mismo
Dejando con orgullo una nueva planta
En el huerto paterno, un árbol joven
Que se alzara entre las hojas retorcidas de los manzanos,
Una promesa de frutos nuevos para otros otoños.

Pero hoy nos arrodillamos en el frío para sembrarte
A ti, nuestro gigante nativo.
Desafiamos la práctica costumbre de nuestros padres:
Envolver en tus raíces un mechón de cabello,
Un trozo de cordón umbilical,
Todo lo que en la Tierra quede de un primogénito,
Algunos átomos perdidos devueltos a los elementos.

Te damos cuanto podemos: nuestro trabajo y nuestro suelo.
Agua sacada de la tierra cuando nos fallan los cielos,
Noches aromadas por la niebla del océano,
Días suavizados por el circuito de las abejas.
Te plantamos en la esquina del huerto
Bañada por la luz occidental,
Un esbelto retoño contra el crepúsculo.

Y cuando nuestra familia ya no esté
Y hayan muerto los hermanos que no nacieron,
Dispersados todos los sobrinos y las sobrinas,
Demolida la casa, la hermana
De la madre convertida en ceniza al viento,
Quiero que te alces entre los extraños,
Todos jóvenes y efímeros comparados contigo,
Y guardes en silencio el secreto de tu nacimiento.


("la escala ardiente", ed. el tucán de virginia-conaculta, méx., 2010, trad. je pacheco)

martes, 13 de febrero de 2018

Octavio Paz (1914/1998 )

Espiral


Como el clavel sobre su vara,
como el clavel, es el cohete:
es un clavel que se dispara.

Como el cohete el torbellino:
sube hasta el cielo y se desgrana,
canto de pájaro en un pino.

Como el clavel y como el viento
el caracol es un cohete:
petrificado movimiento.

Y la espiral en cada cosa
su vibración difunde en giros:
el movimiento no reposa.


("el fuego de cada día", seix barral, 2014)

lunes, 12 de febrero de 2018

James Merrill (1926/1995 )

El poeta ahogado



El poeta ahogado, horas antes de ahogarse
tenía ojos de remolino, sal en sus muñecas, y exhibía
una acuática afectación. El mar estaba enterado
como las flores en la cabecera de una herida,
de una responsabilidad inminente,
como un imán tendióse al lado de él durante todo el día azul,
ambiguo como un pulmón.

El observaba a los buzos estudiar un elemento
familiar como las escalas para el músico,
donde nadar es una progresión de vocales largas,
una comunicación que nunca puede ser buscada
pues en sí misma es completa: evidente como las perlas,
simple como las rocas al sol, una felicidad
ligada a los acontecimientos.

Ahogarse fue la perfección de la técnica,
la palabra envolviendo su propio sentido, como el Tiempo,
y volviéndose hacia el mar penetró en él
como si hablarámos de poemas en un poema,
o en el momento culminante en una sonata citáramos
ejercicios de digitación: un cumplido
para todo logro.


("poetas del mundo", s/c al trad.)