miércoles, 13 de diciembre de 2017

Yolanda Pantín (1954 )

Conversación en un baño



Por costumbre
se acuesta en la cama
a esperar a su marido
que llega siempre tarde
da las buenas noches
bosteza

Ella se va al baño
aplaca la furia
con su mano maestra
recostada en la toalla
cuando él entra y pregunta:
“¿Qué haces aquí?”


“Nada”, responde.


Deslave




Desolación llorada.
Nostalgia.

Arenas que no son tales,
escombros, costas
de tierra apelmazada
que el mar irá cavando
hasta los huesos.

En estos vertederos
de basura,
están las piedras
también
que arrancaron las casas
de sus raíces.

Irá cavando el mar
en esa costra, y a
dejar sus arenales
como fueron.

("poemaspoetas" y "otra iglesia es imposible")

martes, 12 de diciembre de 2017

Aleš Šteger (1973 )

Mondadiente


Un pedacito de carne sin digerir se extravió
y llama a la sublevación.

Cuerpo extraño desobediente. Se le oye de tu boca.
Aunque no hables tú.

Aunque no le hayas permitido a nadie que hable
en tu nombre.

Pero él sigue gritando,
incita a la rebelión, presiona.

Con la lengua intentas desalojarlo,
pero no hay palabras que acallen su protesta.
Menudo Robespierre en las fauces de Polifemo.
Pero sin la suerte astuta, sin dioses y sin rebaños de su
   parte.

Lo extraes de tu conciencia, trituras lo que te remordía.
Que muera la revolución.

Y aunque caiga el último tilo.
Te recuestas sobre su tronco, arrancas una astilla y lanzas
     un eructo.

El mondadientes asoma de tu boca como la lanza de
     un centurión
que ha limpiado un imperio.

El agujero negro del diente murmura:
también este imperio implosionará una vez.


("el libro de las cosas y los cuerpos", ed. arlequín, guadalajara, méx., 2014, s/c trad.)

lunes, 11 de diciembre de 2017

Gemma Gorga (1968 )


Diciembre


Desde la ventana observo la plaza: a los plátanos
les quedan cuatro hojas exhaustas que no
se deciden a emprender el último vuelo. Cuatro
son también los días que cuelgan del calendario,
a punto para caer cuando nadie mire. Todo
acaba desprendiéndose y volviendo a tierra
con la fría ventada de la estación
desfavorable. El proceso es lento, casi
imperceptible. Hay que estarse noches enteras
acostumbrando la mirada a la quietud
antes de advertir cómo la vida pierde los pétalos,
pierde los días, pierde el oxígeno, pierde las aves,
pierde los cuerpos y pierde las respuestas. También los muertos
celebran la Navidad, sentados alrededor
de los juguetes. Tras la ventana pienso
en ellos, que es una manera de pensar en mí.
Y la vida pierde las hojas, indiferente
a todo, como un inmenso árbol caducifolio.


Temperaturas


Medio refunfuñando lo decía siempre la abuela:
en la cocina no puedes distraerte.

La leche se derramará cuando estés de espaldas
trajinando distraída cualquier otra cosa,
subirá la memoria al rescoldo de los fogones
y la espuma
inundará la plazoleta de los tilos
donde en verano las niñas jugábamos a la rayuela
y caíamos en casillas clandestinas
de chocolate caliente y cosquillas.

Con la tristeza de los ojos
también los gestos se heredan:

exhalo con suavidad,
levanto el pote del quemador
y espero que la espuma
exhale,
calle,
caiga nuevamente
en la amnesia cerrada del blanco.


("el cultural")

domingo, 10 de diciembre de 2017

Uriel Martínez (1950 )

Planes


este diciembre venidero
como el anterior, me quedaré
en casa; si salgo
saldré con la costurera
en busca de remiendo
para cuadernos, igual
que el año pasado;
como no sé natación
no extrañaré mares,
ríos  ni al monstruo
de Loch Ness;
tampoco practico
alpinismo ni imaginaré
ningún Pico de Orizaba;
si acaso, con la vista
que me quede, igual
el pasado diciembre
escalaré montañas,
echaré de menos a Zaratustra
y sus discursos descabellados;

este mes próximo
ni vendrá el correo,
será otro fin de año blanco.


[Inédito]

sábado, 9 de diciembre de 2017

Robin Myers (1987 )

Exceso



Hay un mercado acá que vende todo:
delineador, papayas, rosarios, carne cruda,
plantas en sus macetas junto a otras
retorcidas en ramos.
No sé muy bien cómo lo toleramos.
Hace ya varios años, vi una puesta de sol que duró horas;
o eso me pareció:
el resto de mi cuerpo acompañó a mis ojos
a mirar desde el techo
como si hubiera sido la primera
vez. Más tarde, en camión por las montañas, todos
los que subían en cierta parada
trataban con apremio de venderte algo, casi siempre cebollas.
Ayer me desperté con una angustia
clavada al corazón igual que una mordida sobre un hombro,
y a la mañana fui al mercado
y compré una canasta para el pan.
Me parece que esto es lo que busca la memoria:
no en sí la permanencia,
sino una relevancia
permanente.
Lo dispar todo junto
y luego una canasta para el pan.


("el poeta ocasional", trad. ezequiel zaidenwerg)

viernes, 8 de diciembre de 2017

Luis Antonio de Villena (1951 )

Un cuento de Isak Dinesen


Hay noches en que pienso que tendré que irme
y entonces me parece raro ser tenaz y hasta tener cobijo.
Pienso en dejar que la casa envejezca
y que todo se vaya deteriorando conmigo.
Que sea todo viejo cuando el viaje se acabe
y el fin de la noche sea el fin del invierno.
Somos soldados en tormentas de nieve,
capitanes que sueñan con un puerto lejano,
buscadores de oro en ríos sucesivos...
Pero una noche, en un puerto cualquiera,
sabes que ese viaje habrá de interrumpirse.
La caza se acabó, las tabernas, el oro y la ventisca.
Sentado en una hamaca mirarás tranquilo
todo lo que se va sin ti, todo lo que ya no existe.
Brilla el mar lejano y en las montañas nieva...
Adiós. El viaje sin destino te abandona.
Solo fue un sueño la verdad del mundo, lo sabías.
El hueco de la mano pareció un gran rey.
Y el barco que era tuyo -sin ti- se pierde ya en la bruma.


("en afán desmedido", ed. uv-xalapa, ver., méx., 2017)

jueves, 7 de diciembre de 2017

Brendan Kenelly (1936 )


Tres mareas



En nuestra muy propia y pequeña guerra civil
el mar, como lo emplean algunos, es un arma ejemplar
que combina la capacidad de rematar un trabajo
con un sólido estilo para humillar.
El uso correcto de esta eficiencia natural, sin embargo,
lo aprovechan solamente aquellos que conocen
el carácter juicioso del mar
en su flujo y reflujo constitutivo.
Cuando se acerca a la costa empuja suavemente,
primero, sobre los labios agonizantes,
un tímido, espumoso veneno
que recuerda al limo
antes de ese estertor que siempre puede
desmembrar a la familia más unida
y provocar molestas especulaciones sobre un testamento.
Ese es un veneno lento, rítmica, sensualmente lento.
Acaso la estimulante luna apura el compás
porque nuestro mar respetuoso de la ley
acelera como un plan bien ejecutado
de olas puntuales que ahogan, inexorables como las generaciones
de una fecunda familia católica ajustada a las lujuriosas
leyes de Dios, yendo, viniendo, yendo, viniendo, como los hijos
e hijas al trabajo o al infierno o al dinero o a Inglaterra o a los
lechos reproductivos.
Bien medido, un hombre enterrado en la arena hasta el cuello
tarda tres mareas en morir. Sus hermanos (los míos también) dicen
que eso le da tiempo para meditar sobre el error
de haber abrazado el bando equivocado en esta guerra del todo incivil.
A diferencia de nuestro suelo viril, nuestro mar nunca ha mentido.
Mi padre se ahoga conforme a las leyes de la luna, la cabeza hacia un lado.


("otra iglesia es imposible", trad. gerardo gambolini)