jueves, 23 de noviembre de 2017

Ana Pérez Cañamares (1968 )

Hija


 Hija, si en algún momento,
        mientras estás ocupada en crecer,
        -dura y lícita tarea-
        puedes mirarme a los ojos,
        hazlo.

        No te dejes las preguntas
        para cuando sea la misma voz
        la que cuestione y la que responda.

        Mira que en esta familia
        tenemos la dolorosa costum
        de conocernos mejor de muertos.


("emma gunst")

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Eduardo Chirinos (1960/2016 )

Catorce formas de melancolía


8

Una hormiga carga con esfuerzo
una hoja.
                                         La hoja es enorme
y multiplica su tamaño. Se trata
de un deber inevitable, de una
obediencia atávica.
                                        Detrás de ella
idénticas hormigas cargan idénticas
hojas. Mañana repetirán el rito,
su razón de ser que ignoro.

Pronto cumpliré cincuenta años.
Pienso en la hormiga.
En su ciega danza hacia la muerte.


("life vest under your seat")

martes, 21 de noviembre de 2017

Claudio Rodríguez (1934/1999 )

Lo que no es sueño



Déjame que te hable en esta hora
de dolor, con alegres
palabras. Ya se sabe
que el escorpión, la sanguijuela, el piojo,
curan a veces. Pero tú oye, déjame
decirte que, a pesar
de tanta vida deplorable, sí,
a pesar y aun ahora
que estamos en derrota, nunca en doma,
el dolor es la nube,
la alegría, el espacio;
el dolor es el huésped,
la alegría, la casa.
Que el dolor es la miel,
símbolo de la muerte, y la alegría
es agria, seca, nueva,
lo único que tiene
verdadero sentido.
Déjame que, con vieja
sabiduría, diga:
a pesar, a pesar
de todos los pesares
y aunque sea muy dolorosa, y aunque
sea a veces inmunda, siempre, siempre
la más honda verdad es la alegría.
La que de un río turbio
hace aguas limpias,
la que hace que te diga
estas palabras tan indignas ahora,
la que nos llega como
llega la noche y llega la mañana,
como llega a la orilla
la ola:

irremediablemente.


Tiempo mezquino

Hoy con el viento del Norte
me ha venido aquella historia.
Mal andaban por entonces
mis pies y peor mi boca
en aquella ciudad de hosco
censo, de miseria y de honra.
Entre la vieja costumbre
de rapiña y de lisonja,
de pobre encuesta y de saldo
barato, iba ya muy coja
mi juventud. ¿Por qué lo hice?
Me avergüenzo de mi boca
no por aquellas palabras
sino por aquella boca
que besó. ¿Qué tiempo hace
de ello? ¿Quién me lo reprocha?
Un sabor a almendra amarga
queda, un sabor a carcoma;
sabor a traición, a cuerpo
vendido, a caricia pocha.

Ojalá el tiempo tan sólo
fuera lo que se ama. Se odia
y es tiempo también. Y es canto.
Te odié entonces y hoy me importa
recordarte, verte enfrente
sin que nadie nos socorra
y amarte otra vez, y odiarte
de nuevo. Te beso ahora
y te traiciono ahora sobre
tu cuerpo. ¿Quién no negocia
con lo poco que posee?
Si ayer fue venta, hoy es compra;
mañana, arrepentimiento.
No es la sola hora la aurora.


("rua das pretas" y "a media voz")

lunes, 20 de noviembre de 2017

José Watanabe (1946/2007 )

El miedo


El burro hace girar la rueda del molino
y a cada vuelta cierra
              ese círculo vicioso
que durante años ha hollado en la tierra.

El polvillo blanco de la molienda
flota en el ambiente. Se asienta
en todo,
pero en las pestañas del burro
                  es toda la tristeza
                                 y la condena.

Me alejo silbando del molino, silbando
para disimular
el temor de poner el pie             
                en una huella sin esperanza.


("blog del amasijo")

domingo, 19 de noviembre de 2017

Uriel Martínez (1950 )

 El entrepaño

                             in memoriam jorge cantú de la garza

Sabes una cosa Jorge,
nunca imaginé llevarte
de paseo una tarde de otoño,
una tarde cálida y previa
al frío, a la oscuridad, a
los Judas de pólvora.
El pretexto del paseo fue
una antología tuya de última
hora, autorizada por
tu albacea, ángel guardián
o no sé quién Diablos.
La cosa es que la disyuntiva
era el café, el cinematógrafo
o la alameda.
Tú habrías preferido
un mezcal o cualquier
otra bebida combinada.
Lo dejé a águila o sol
y te traje a una mesa
de café con música de Led Zeppelin
antes que se haga noche.
Ya lo dije: restan
minutos antes de que el sol
se hunda, como nosotros;
antes de llevarte de vuelta
al entrepaño de los poetas.


[Inédito]

sábado, 18 de noviembre de 2017

Clementina Arderiu (1889/1976 )

Habla el alma



Entonces, cuando ya hayas hallado en el barro reposo,
oh poder de esta carne que por vil me es pesada,
el mundo espléndido mostrado y prometido
por mi amigo el leve Inexpresable
vendrá a ser mi patria generosa, y en el fuego
sagrado que alto frente a Él se enciende,
podré -¡oh goce supremo!-, purificarme.
La tierra, lugar de dolorosas glorias y amores
fementidos, quieras que no me gobierna.
Mi paño débil de humana vestidura,
más que yelmo y escudo es conductor de ofensas.
Ligeras compañeras que ya os habeis desligado,
oíd mi lamento, y mi conjuro oídme:
venid a mí en divina lozanía,
dadme las manos, y elevada me vea
por vuestro esfuerzo a las regiones serenas.
Yo sabré en un cántico tierno loaros
como nunca otro podría ser oído por los inmortales.


(muro fb de orlando guillén, traducción él mismo)

viernes, 17 de noviembre de 2017

Ángel González (1925/2008 )

En serio


Te llamábamos
a veces por tu nombre
para decirte lo que nos dolía,
para pedirte cosas,
                            para quejamos
del frío
—como si fueses responsable del invierno—
para preguntarte, suspicaces,
en dónde habías guardado esto o lo otro.

Pero
¿qué te dimos realmente?
¿Qué hubiéramos podido haberte dado a ti, que no pedías,
que parecías no necesitar nada
más que estuviéramos allí, llamándote
a veces por tu nombre,
para pedirte siempre:
                                —danos, danos?
Acaso amor,
esa palabra impronunciable, impura.

Porque lo extraño es que tal vez te amábamos.
Pienso que te amábamos.
¡Ah, sí, cómo te amábamos!

Presenciamos inmóviles tu vida
y ahora, frente a tu muerte,
se nos vienen de pronto todas esas palabras
que no escucharás nunca.


("no me quites paz")

jueves, 16 de noviembre de 2017

Cecilia Juárez (1980 )

Alter ego


(aquí hay un blackout de dieciocho años)
no te conocí cuando el terror bajó raudo entre las rodillas
rojísimo a decir quién vive
a decir que el himen
finalmente
había abandonado el edificio
no supe de qué estabas hecha
aunque el dolor fue levantando casas
y albercas y asientos de cine
y almejas vacías
y cárceles
y pozos


Animal feral
glaciando hacia la sutura
esa frontera entre el albañal
y el tejado de agujeros
todas mis razones estaban equivocadas
y todavía se jalan las greñas frente a sus ventanitas
mientras pasa el animal
con todo el territorio que carga
agitado en el vaivén retórico y post erótico
de la desnudez

no te conocí ante la cercanía de los otros
ni cuando el hambre fue talando los árboles


no te conocí cuando el aviario estropeó las cerraduras
y todos los pájaros huyeron
tomaron el cielo
lo hicieron negro y precioso
como el plumaje del cuervo.
no te conocí ni el polvo
nunca supe qué pasaba contigo
por qué tu afán de quedártelo todo
por qué llorabas al comer la sopa
por qué recibías suave y abierta
las envenenadas lanzas
de los extraños

no te conocí cuando las enfermedades te hicieron su presa
no pude liberarte
te veía de lejos
pensando que no eras mía y alguien al final
vendría a salvarte
a retorcerse delante tuyo
a redimirte
a revivirte
a rehacerte de la nada como a los coches de los aventaderos
te miraría a los ojos para hacerte nueva
con la ternura de un carpintero
darle lustre a la piel vencida
sanar todos los agujeros de todos los petardos
que a final de cuentas no te atravesaron
pero se quedaron a vivir en tu epidermis
animal feral
que no eras mía
te vi caer
despedazarte
sangrar te vi
caer de nuevo
no te conocía
pero te sentí
herida estabas miserable
como el perro sin hogar bajo la lluvia
como el perro palacio de sus parásitos

así te vi

tuve que llorar con toda la garra que el mundo me dio
para otras cosas

¿qué hacer por ti?

amada carroña
yo
atada a tu tobillo seré también

el mismo bocado para nuestro prometido precipicio


("revista el humo")

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Hanni Ossotti (1946/2002 )


Por salir del charco

                     a washington con manuel


En algún lugar del mundo
una mujer se sentaba todas las mañanas
a contemplar un viejo edificio.
Y había ventanas, sí
plenas de sombras
hombres, mujeres, monstruos.
Esa casa estaba deshabitada
no había amantes, no.
Sólo aves que a veces cruzaban el horrendo paisaje.

En algún lugar del mundo
  había una lámpara rota
  que no era de ella.
También un diccionario.

Eso no podía resolver su soledad.

Había tres árboles, cuatro árboles
y ruidos, la calle, los automóviles.

En algún lugar del mundo ella
no pudo hablar con quien podría
     ser su amante.
El placer estaba vedado.
Las ambulancias pasaban
El fastidio cundía.

En algún lugar del mundo
ella se detenía
a ver un enchufe
un sofá
una mesa repleta de libros y de centavos
y al marido: mustio, callado, leyendo...

También había pastillas, muchas pastillas
y un avión que pasaba.
Llevando a gente que sí tenía lugar.

En algún lugar del mundo
      ella rezaba
      por salir
      por salir
      del charco.


("cantera, revista literaria")

martes, 14 de noviembre de 2017

Charles Bukowski (1920/1994 )

Con el collar al cuello


Vivo
con una mujer y cuatro gatos
algunos días
me llevo muy bien
con todos ellos.
Cualquier día
tengo problemas con uno
de los gatos.
Otros días
con sólo dos de ellos.
Después con tres miembros
de la maldita
ganga!
Algunos días
me peleo con los cuatro felinos
y con la mujer también.
Diez ojos
mirándome todos, fijamente,
como si miraran

a un perro.


(muro fb de daniel montolay y traducc. suya)

lunes, 13 de noviembre de 2017

Ana Pérez Cañamares (1968 )

Verano (I)


Verano en una ciudad blanca.
El olor del jazmín y del sexo
inundan la habitación en penumbra.

Desde el cajón el reloj
dicta sentencia como un juez
en un país sin policía.

Durante una semana marcharé
al ritmo que marca mi cuerpo.
Mi cuerpo: paraíso fiscal
sólo para tus riquezas.


("emma gunst")

domingo, 12 de noviembre de 2017

Wislawa Szymborska (1923/2012 )

Posibilidades


Prefiero el cine.
Prefiero los gatos.
Prefiero los robles a orillas del Warta.
Prefiero Dickens a Dostoievski.
Prefiero que me guste la gente
a amar a la humanidad.
Prefiero tener a la mano hilo y aguja.
Prefiero no afirmar
que la razón es la culpable de todo.
Prefiero las excepciones.
Prefiero salir antes.
Prefiero hablar de otra cosa con los médicos.
Prefiero las viejas ilustraciones a rayas.
Prefiero lo ridículo de escribir poemas
a lo ridículo de no escribirlos.
Prefiero en el amor los aniversarios no exactos
que se celebran todos los días.
Prefiero a los moralistas
que no me prometen nada.
Prefiero la bondad astuta que la demasiado crédula.
Prefiero la tierra vestida de civil.
Prefiero los países conquistados a los conquistadores.
Prefiero tener reservas.
Prefiero el infierno del caos al infierno del orden.
Prefiero los cuentos de Grimm a las primeras planas
del periódico.
Prefiero las hojas sin flores a la flor sin hojas.
Prefiero los perros con la cola sin cortar.
Prefiero los ojos claros porque los tengo oscuros.
Prefiero los cajones.
Prefiero muchas cosas que aquí no he mencionado
a muchas otras tampoco mencionadas.
Prefiero el cero solo
al que hace cola en una cifra.
Prefiero el tiempo insectil al estelar.
Prefiero tocar madera.
Prefiero no preguntar cuánto me queda y cuándo.
Prefiero tomar en cuenta incluso la posibilidad
de que el ser tiene su razón.


("emma gunst", trad. gerardo beltrán)

sábado, 11 de noviembre de 2017

Cinzia Marulli (1965 )

Poema



Escribo porque siento la luz hacerse espejo
porque busco el camino
que me lleve a un destino sin llegada
a un bosque que huela a bosque,
porque me siento una bellota
diseminada en la tierra
escribo porque florezco como un hibisco al sol
porque mi voz no es suficientemente
fuerte para gritar en la tempestad que me sacude.

Escribo porque un día un amigo
me regaló una pluma haciéndome creer
que era una varita mágica.


("buenos airespoetry", trad. emilio coco)


Relato



Subí a la montaña más alta
porque quería volar
el viento estaba suave y debajo de mí las tierras salvajes
me esperaban ‒verdes y grávidas
me puse al borde del precipicio
esperando que me crecieran las alas
estuve allí
hasta que el pelo se me puso blanco
pero las alas no habían crecido aún
luego dejé de esperar
y me lancé al vacío con los brazos abiertos
y los ojos cerrados
en ese momento todos mis sueños se estremecieron
alarmados  se esforzaron mucho
se transformaron ellos mismos en alas
y me llevaron lejos hasta rozar las briznas
de las hierbas
luego se fueron haciéndome caer
al centro del gran lago.

El agua me acogió trasparente y virgen
y en ella lavé mi dolor.


("el mundo incompleto", trad. emilio coco)

viernes, 10 de noviembre de 2017

María Victoria Atencia (1931 )

Epitafio para una muchacha




Porque te fue negado el tiempo de la dicha
tu corazón descansa tan ajeno a las rosas.
Tu sangre y carne fueron tu vestido más rico
y la tierra no supo lo firme de tu paso.

    Aquí empieza tu siembra y acaba juntamente
-tal se entierra a un vencido al final del combate-,
donde el agua en noviembre calará tu ternura
y el ladrido de un perro tenga voz de presagio.

    Quieta tu vida toda al tacto de la muerte,
que a las semillas puede y cercena los brotes,
te quedaste en capullo sin abrir, y ya nunca

sabrás el estallido floral de primavera.


Lavadero viejo



Cóncavas piedras vienen a recibir mi hato 
con un frescor que acepta mi mano en su recinto. 
Guardo turno en el húmedo corredor subterráneo: 
doy paso a las rameras y al ajuar de los muertos. 
Públicamente expongo al agua mis razones. 
Su corriente no sabe más pasión que el olvido.



("poemas del alma")

jueves, 9 de noviembre de 2017

Mashka Kaléko (1907/1975 )

Melancolía de otoño


A mí no se me marchitan los jardines.
No los tengo.
Ni tampoco una casa donde los vientos giman.
El nubarrón más negro no me daña,
pues rara vez miro ya al cielo.
Ya no pretendo estrellas áureas.
Me conformo con una lamparita.
No me engaña la dicha,
ni desengaña una espera.
No me duele el otoño,
a mí no se me marchitan los jardines.


("no me quites paz", s/c al traductor)

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Eva Strittmatter (1930/2011 )

Demonio



No me puedo salvar.
Me voy a pique.
No hago otra cosa que autodestruirme.
Cada hora resulta insuperable.
Y mi poesía es una droga.
Quién me ha perdido.
Quién me ha traicionado.
¿Qué ocultos hechos pasados
debo purgar?
¿Quién sucede dentro de mí?
¿Quién les calla a mis palabras el contexto
y confunde su significado?
Bien puede ser que sea yo.


("revista arquitrave", no.66,trad.I.G.)

martes, 7 de noviembre de 2017

Óscar Hahn (1938 )

Cosas que se escuchan


Qué extraño es sentir el sonido de la lluvia
cuando no está lloviendo
mirar por la ventana las calles secas
y sentir el sonido incesante de la lluvia
Ahora escucho el crujido de una silla mecedora
Alguien teje alguien se para
alguien entra con unas tazas de té
alguien hace ruido con la vajilla
Qué extraño es sentir el quejido
de una silla mecedora
cuando nadie se está meciendo
el tintinear de la vajilla
cuando nadie está poniendo la mesa
la algarabía de los invitados
cuando las sillas están vacías
y el sonido de la lluvia
el persistente sonido de la lluvia
cuando no está lloviendo


("marcelo leites")

lunes, 6 de noviembre de 2017

Jotamario Arbeláez (1944 )

Cadena de los amores imposibles



He cortado todas las rosas del mundo, una por una, para nada,

pues cuando voy con ellas acunadas entre mis brazos ardorosos en busca de

mis amores,

no están, o están haciendo la siesta, o en sus clases de piano con

mequetrefes.



Sobre áreas restringidas de mi piel he colocado gotas de perfumes exóticos

y frotado mi cuerpo con todo tipo de menjurjes preparados por brujos con

barbas de chivo. 

Ninguno de estos aromas

ha doblegado a ninguna de mis anósmicas amigas. He comprado libros de

versos

delicados, desde los Gazales de Haffiz hasta las perlas de Amarú,

El Jardín Perfumado, La Unión Libre, La Amada Inmóvil, La Ciudad sin Laura,

pero he comprobado que los libros permanecen sin abrir en sus tocadores

entre potes de afeites y adornados portarretratos. Lo mismo pasa con mis

cartas

lacradas, idas a colocar en buzones de remotos países,

a las que sólo arrancan las estampillas para el álbum del hermanito.

Yo mismo les he escrito unos cuantos versos, verdaderos trasuntos de

trovadores,

apuestos versos viriles si bien un tanto mendicantes,

y los he hecho publicar sobornando al clérigo

en la hojita de la parroquia. Camuflado entre el coro

las espío en la misa de los domingos

a ver si aflora algún rubor en la cima de sus mejillas,

pero ellas usan de abanico mis metáforas desdichadas

pues no comulgan con mi estilo. No tengo pierna lírica,

me pierden el arrebato, la irreflexión y la impaciencia.



Me desgasto en limosnas a San Antonio, busco como un sabueso

nidos de pájaros macuá y me echo al cuello talismanes

pesados como ruedas de molino,

participo en bazares donde gano con trampas gigantescos osos de felpa

que llenarían de gozo la miel de sus lechos

pero no caben por sus puertas que siempre tienen la cadena.



En los restaurantes famosos donde estreno corbata lila

las complazco con Borgoñas Cote D’Or, con corazones de alcachofa,

con colas de langostas corcoveantes, paté trufado

y de postre Saint Honorè.

Por lo general devuelven los platos por exceso de grasa,

porque les falta sal, porque una mosca del Mediterráneo

se posó sobre algún Cezanne, porque se enfriaron en la espera.



Las invito a la Opera y cuando despierto en la luna de las plateas

se han ido bien con los tenores o los tenorios de la escena.

Los instrumentos de la orquesta me dirigen miradas de compasión,

hazmerreír de los porteros.



Practico los saltos ornamentales y me lanzo los domingos del trampolín del

mediodía

de las piscinas olímpicas arriesgando la vida en las contorsiones

con la ilusión de caer sobre sus miradas y perderme entre sus brazos

acuáticos.

Pero el chapuzón es un chasco pues los ojos de ellas se han perdido tras la

estela del salvavidas.



Mi consejera sicológica me dice que pierda las esperanzas.

Este año ingresaré a una tribu de cazadores de cabezas. Ya estoy llenando el

formulario.


("círculo de poesía")

domingo, 5 de noviembre de 2017

Uriel Martínez (1950 )

Los invitados


Hoy dormiré en el cuarto
de huéspedes, donde nunca
termino de ordenar maletas
valijas ni portafolios.
En un ala del armario
guardo los muertos, libros
empolvados sin orden ni alfabeto.
La cama de invitados
permanece sin grandes llanuras
ni cañada ni ojos de agua.

No sé si ya dormido
aparezcan alimañas,
seres no imaginados
en los mejores circos.
De cualquier modo
estaré presto
por si un día recuerdas
aquellas tardes de insomnio.
Considera que estamos
a pocos días de noches
dilatadas, cuando veo
la luna trazar siluetas vivas.


[Inédito]

sábado, 4 de noviembre de 2017

Joaquín Benito de Lucas (1934 )

El búho



 El búho ¿vive dormido
o meditando? La noche
le abre caminos de luz,
el día le sobrecoge.
Descansa sobre la rama
de una encina mientras pone
en orden su pensamiento.
Ni se muestra ni se esconde.
Su color es el color
de la madera del bosque;
en la frente le han crecido
dos hojas con las que oye
-verdinegras- el sonido
silencioso de la noche.
Cuando ésta llega despliega
sus alas y vuela al monte,
al llano, al valle, al río
desperezado e insomne.

¡A cazar va por el Tajo
lo que las aguas esconden!


("la sombra del membrillo")

viernes, 3 de noviembre de 2017

Marin Sorescu (1936/1996 )

Ladrones


Tenía un poema que no me dejaba dormir

Y lo mandé al campo

Donde un abuelo.

Después escribí otro

Y se lo envié a mi madre

Para que lo guarde en el desván.



Volví a escribir después unos cuantos

Y con el dolor de mi corazón se los confié a mis parientes,

Los que me prometieron cuidarlos bajo palabra de honor.



Y así siempre, para cada nuevo poema,

Se halló también un hombre que lo recibiera,

Pues cada amigo mío

Tiene a la vez un amigo,

Tan bueno como para confiarle el secreto.



Así que ni siquiera yo mismo sé ahora

Dónde se encuentra cierto verso

Y en caso que me atraquen los ladrones,

Por más que me torturen,

Igual no puedo decirles gran cosa, sino

Que ellos están en un sitio seguro,

En este país.


("círculo de poesía", versión omar lara)


He vendado


Vendé los ojos de los árboles
Con un pañuelo verde
Y dije: búsquenme.

Y los árboles me hallaron en seguida
Con una carcajada de hojarasca.

Vendé los ojos de los pájaros
Con pañuelo de nubes
Y dije: búsquenme.

Y me hallaron los pájaros
Con un trino.

Vendé los ojos de la tristeza
Con una sonrisa,
Y me halló la tristeza al día siguiente
En un amor.

Vendé los ojos del sol
Con mis noches
Y dije búsquenme.

Allí estás, dijo el sol,
Detrás de ese tiempo,
No te ocultes más.

No te ocultes más
Me dijeron todas las cosas
Y todos los sentimientos

A los que intenté vendar los ojos.



("no me quites paz", s/c traductor)

jueves, 2 de noviembre de 2017

Mary Oliver(1935 )

Rojos



Todo el tiempo
que estuve dando clases
en el estado de Virginia
quise ver
al zorro gris.
Finalmente lo encontré.
Estaba en la autopista.
Estaba cantando
su canción de agonía.
Lo levanté
y lo llevé a un campo
mientras los autos seguían pasando.
Me mostró
cómo podía gemir
cómo podía sangrar.
Adiós, le dije
a la luz de su ojo
mientras los autos pasaban.
Dos días después
encontré a su pareja.
Estaba en la autopista.
Estaba cantando
su canción de agonía.
La levanté
y la llevé
al campo
donde gimió
mitad gris
mitad roja
mientras los autos seguían pasando.
Mientras los autos seguían pasando.
Zorro gris y zorra gris.
Rojos, rojos, rojos.



("griselda garcía", trad. natalia leiderman y patricio foglia)

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Amelia Biagnoni (1916/2000 )

Poema de octubre


Cuando desde mi nuca vuelvo al cuarto -que a veces
me repite por todos los hoteles del mundo-,
el espejo se mira, narciso de su historia,
que acumula con suave, pavorosa memoria;
la mesa da un gemido de bosque moribundo;
y el agua de mi vaso cuida lejanos peces.

De pronto se alzan noches de llama con rocío,
esa mujer soltó su muerte agazapada,
un gris viajante cuelga su sombra en el ropero,
se volcó en esta silla un dolor verdadero,
hay nudos y relámpagos de piel desesperada,
un viejo calculaba, cuando llegó su frío...

Y canto. Los fugaces de este cuarto de hotel
dejaron, sin saberlo, su trance aquí; de suerte
que yo, la socavada, sueno de su rumor.
Dame tu colección, denso espejo: el amor,
la esperanza, el fracaso, el instinto, la muerte...
Toma, en cambio, una gota de mi agonía fiel.


("concédeme esos cielos")

martes, 31 de octubre de 2017

Juan Bonilla (1966 )

Esto quería ser un poema de amor




Tiras de las dos asas amarillas
Y la bolsa se cierra.
Luego haces dos nudos
Sobre las mondas de naranja y las cáscaras de plátano,
Las sobras de la cena,
Unas cuantas docenas de colillas
Y una planta que ha muerto.
Son doce pisos luego y unos cuarenta pasos
Hasta el contenedor –en el que apenas cabe ya ninguna bolsa.
En el momento de depositarla allí
Se ha iluminado un número en tu mente:
Setenta y seis. Son pocas todavía
Las bolsas de basura que habéis llenado juntos
Si las comparas con las más de mil
Que Laura y tú llenasteis;
Son muchas, desde luego, un escorial, si las comparas
Con las apenas diez
Que de aquel sótano de Londres donde Marge,
Sacabas rumbo a un minúsculo depósito en el patio.
En La Habana Amarilis
Cada noche colgaba la basura de las ramas de los árboles
–para evitar la proliferación de ratas–:
llenasteis juntos veintitantas bolsas.
Es fea, bien lo sabes, tu costumbre
De computar amores en bolsas de basura.
Tal vez un día de estos se te olvide.
Doce pisos arriba hay una luz: es tu cocina.
En el cubo hay una nueva bolsa que mañana llenaremos.


("otra iglesia es imposible")

lunes, 30 de octubre de 2017

Jimena Arnolfi (1986 )


Tesoro



Ahora dejé la ciudad y vuelvo de la huerta
con olor a tomillo, albahaca, romero,
vos enlazás mis manos, las respirás,
pedís hacer tu casa en ellas.
Un hogar es algo difícil de lograr.
Un hogar es como un árbol.
Si te quitan los árboles, perdés
tranquilidad, belleza y protección.
A veces caigo como una hoja en otoño,
no sé si estoy quieta o en movimiento
pero algo está crujiendo.
Habrá que estudiar lo que dice el maestro.
Cuando más de un árbol se seca
en un mismo lugar, la naturaleza
está avisando: hay un tesoro escondido
bajo las raíces muertas.


("blog del amasijo")

domingo, 29 de octubre de 2017

Marosa di Giorgio (1932/2004 )

De súbito estalló la guerra


De súbito, estalló la guerra. Se abrió como una bomba de azúcar
arriba de las calas. Primero, creíamos que era juego;
después, vimos que la cosa era siniestra. El aire quedó
ligeramente envenenado. Se desprendían los murciélagos
desde sus escondites, sus cuevas ocultas caían a los platos,
como rosas, como ratones que volvieran del infinito,
todavía, con las alas.
Por protegerlos de algún modo, enumerábamos los seres y las cosas:
"Las lechugas, los reptiles comestibles, las tacitas...".
Pero, ya los arados se habían vuelto aviones; cada uno, tenía
calavera y tenía alas, y ronroneaba cerca de las nubes, al alcance
de la manos pasaron los batallones al galope, al paso. Se prolongó
la aurora quieta, y al mediodía, el sol se partió; uno fue hacia el este,
el otro hacia el oeste. Como si el abuelo y la abuela se divorciaran.
De esto ya hace mucho, aquella vez, cuando estalló la guerra,
arriba de las calas.


("concédeme esos cielos")


Los hongos nacen en silencio



Los hongos nacen en silencio; algunos nacen en silencio; otros con un breve alarido, un leve trueno. Unos son blancos, otros rosados, ése es gris y parece una paloma, la estatua a una paloma, la estatua a una paloma; otros son dorados o morados. Cada uno trae -y eso es lo terrible- la inicial del muerto de donde procede. Yo no me atrevo a devorarlos; esa carne levísima es pariente nuestra. Pero, aparece en la tarde el comprador de hongos y empieza la siega. Mi madre da permiso. Él elige como un águila. Ese blanco como el azúcar, uno rosado, uno gris. Mamá no se da cuenta que vende a su raza.


("poemas del alma")

sábado, 28 de octubre de 2017

A.E. Quintero (1969 )




Veníamos...


veníamos de cortar

algunos capullos de mariposas.

Las tardes de noviembre

las usábamos para salvarlos de las primeras heladas.



Y a ese bisbiseo de ir juntos,

de cortar capullos,

le llamabas -con tu voz de hablar bonito, ronca-

silencio. Le llamabas silencio.

Y yo te miraba más alto,

corazón de raíz profunda, raíz, te miraba

más alto y más mi padre que otros días.



Y ciertamente el silencio bisbiseaba,

y ciertamente

todos mis corazones

de niño que camina con su padre,

de niño que huele a tierra despertada temprano

y a yerbas echadas a un lado,

bisbiseaban.



Mi corazón,

que no es mi corazón de ahora, te veía más alto.



Y aquellos capullos de mariposa

son la única prueba que aún tengo

de que tuve un padre, y de que había momentos

en los que caminábamos juntos

y me quería.

Porque hubo momentos en que me quería.


("monolito")

viernes, 27 de octubre de 2017

Theo Dorgan (1953 )

Ítaca



                                                                                         para Leonard Cohen

Cuando emprendas el viaje desde Ítaca otra vez

deja que sea otoño, temprano, que las hojas planas caigan mientras te vas,

para la primavera te sacudirían sus premuras,

sus rumores de juventud.



Te habrás ganado el camino de vuelta al puerto,

deber cumplido, tu cuota de trabajo pagada,

arraigada la casa, tu hijo en el pleno de la paternidad,

su madre, tu largamente amada, disuelta en la penumbra.



Camina por los umbrales, no mires a diestra o siniestra,

no vayas a inhalar el humo de la leña,

el tímido brillo de las muchachas,

la resina y el pino de la casa.

Quédate ahí, mantén su mirada,

ellos han sido buenos vecinos.



Tabla con tabla, trabajo lento y seguro,

el mástil recto como tu espalda.

Agua y vino, aceite, sal y pan.

Estrecha una mano en la tuya para la Suerte.



Suelta las amarras sin un atisbo en retaguardia

y el paño en la vela.

Habrá puertos, refugio del clima;

Habrá pasajes largos y vacíos lejos de tierra.

Habrá quizá amor o amabilidad, no cuentes con eso

pero admite la posibilidad,

está preparado para tormentas.



Cuando hayas tomado distancia de Ítaca, rodeado por el Sur

y luego asaltado bajo y lejos por Circe, Calipso,

lo que recuerdas, lo que debes tener en mente.

Confianza en tu curso, desde hace tanto dispuesto para ti.

Nunca hubo pregunta alguna para tornar atrás.

Todos aquellos que contigo vinieron al viaje

aquellos que sucumbieron al destello del bronce,

aquellos que se desviaron hacia otro destino,

están largamente reunidos en los Asfódelos y el polvo.

Tú iras sin compañía, pero debes ir.



Ya habrá tiempo en las largas noches y días,

turbado por el sol o conducido por las estrellas,

para desenredar la madeja de tu vida.

Debes aprender otra vez lo que siempre supiste—

el viento se lo lleva todo.



Cuando emprendas el viaje fuera de Ítaca otra vez,

no necesitarás preguntar a dónde es que vas.

Dale a cada día tu completa, reflexiva, atención—

la insurrección y el destello del resplandor de tu rayo,

el ascenso al interior de pequeños puertos—

y no olvides Ítaca, mantén Ítaca en tu mente.

Todo lo que fue y es, todo lo que sin ti

será.



Sé agradecido por donde has estado

por aquellos que se mantuvieron junto a ti,

aquellos que se largaron delante tuyo

o que retrocedieron y te miraron zarpar.

Sé agradecido por la benevolencia en la oscuridad perfumada

pero tarde o temprano vas a navegar de nuevo.



Alguna mañana, alguna noche clara,

tú vendrás a las Columnas de Hércules,

Navegarás al través, si quieres. Eres libre de tornar atrás.

Avanza sobre la cubierta, pon tu mano sobre el mástil,

escucha el viento en su ramo sumergido.

Ahora tú eres libre de hogar y travesía

sacudido en la cúspide de las mareas.

Ítaca es anterior a ti, Ítaca está detrás de ti.

El hombre nace vagabundo, y es formado por el mar.

Tú tienes que hacer lo que es mejor.


("círculo de poesía", versión de roberto amézquita)

jueves, 26 de octubre de 2017

Juan Carlos Moisés (1954 )

El tomate



Corto el tomate en la tabla de un tajo,
lo parto en  mitades sucesivas,
y para no demorar lo inevitable
sigo cercenando esos pedazos indefensos
hasta hacerlos papilla, y salvo el color
rojo como una mancha de sangre
en el pecho del herido ya no podemos saber
lo que fue alguna vez, bajo nuestros pies,
su raíz hablando una lengua desconocida,
ni lo que será, después de condimentar
a gusto, sentarnos a la mesa familiar
y comenzar a comer sin culpa,
mientras conversamos animados


sobre los temas impiadosos del día.


("la ficción del olvido")

miércoles, 25 de octubre de 2017

Lêdo Ivo (1924/2012 )

La hoguera



Quema cuanto puedas:
las cartas de amor
las cuentas telefónicas
el cesto de ropa sucia
las escrituras y certificados
la deslealtad de los colegas
resentidos
la confesión interrumpida
el poema erótico que confirma
la impotencia
y anuncia la arteriosclerosis

los recortes antiguos y las
fotografías amarillentas.
No dejes a los voraces herederos
ninguna herencia de papel.
Sé como los lobos: muere en la
madriguera
y sólo muestra tus afilados
dientes a los canallas.
Vive y muere cerrado como un
caracol.
Dile siempre no a la escoria
electrónica.

Destruye los poemas
inacabados, los borradores,
las variaciones y los fragmentos
que provocan el orgasmo tardío
de filólogos y eruditos.
No dejes a los catadores de
basura literaria ninguna migaja.
No confíes a nadie tu secreto.

La verdad no puede ser dicha.


("no me quites paz", trad. josé carlos de nóbrega)

martes, 24 de octubre de 2017

Sara Teasdale (1884/1933 )

Llegarán suaves lluvias


Llegarán suaves lluvias y el aroma de la tierra,
Y golondrinas dando vueltas con sus débiles sonidos;

Y ranas en los estanques cantarán por la noche,
Y ciruelos silvestres de tembloroso blanco.

Los petirrojos vestirán su fuego emplumado,
Silbando sus caprichos sobre una alambrada.

Y nadie sabrá de la guerra, nadie
Se preocupará al final cuando todo haya concluido.

A nadie le importaría, ni a pájaro ni a árbol,
Si la humanidad pereció completamente;

Y la Primavera misma, cuando despierte al amanecer
Apenas se daría cuenta que nos hemos ido.


("el espejo gótico", trad. sebastián beringheli)

lunes, 23 de octubre de 2017

Joan Margarit (1938 )

No tires las cartas de amor



Ellas no te abandonarán.
El tiempo pasará, se borrará el deseo
-esta flecha de sombra-
y los sensuales rostros, bellos e inteligentes,
se ocultarán en ti, al fondo de un espejo.
Caerán los años. Te cansarán los libros.
Descenderás aún más
e, incluso, perderás la poesía.
El ruido de ciudad en los cristales
acabará por ser tu única música,
y las cartas de amor que habrás guardado
serán tu última literatura.


("cómo cantaba mayo en la noche", trad. mismo jm)

domingo, 22 de octubre de 2017

Uriel Martínez (1950 )

Enredaderas


He visto trepadoras cogidas
de barrotes como el reo
que desea sentencia, busca
agua, otra pena capital.

Veo enredaderas que suben
sin escalera, sin tramos
donde afianzarse, cumbres
no vislumbradas.

Las veo y paso pronto,
con la mano derecha
que imita anteojos
de sol, cejas ralas.

Ese soy, me digo, ese
que lleva prisa por no
alcanzar meta, nada,
ningún final.

Enredaderas y trepadoras sin
propósito, sólo con la idea
en mente de caer y caer
un día no lejano.


[Inédito]

sábado, 21 de octubre de 2017

María Victoria Atencia (1931 )

Baño


Comienza a serme infiel
la piel de la garganta;
pero ahora que se pierden tras de mí las orillas,
tómame una vez más, mi desdeñoso amante,
mientras las algas ponen
un collar en mi cuello.


("a media voz")

viernes, 20 de octubre de 2017

Alejandro Drewes (1963 )

After hours



Nunca olvides a esa pálida
muchacha entre los andenes
de una estación de provincia
un amanecer en bancarrota.
Pues todo fruto se alza y perece,
y no es rosa nunca la rosa
por mano. Así el fruto más oscuro
del tiempo como un astro gravita
en su hora y en torno la hierba
de penumbra celeste lo envuelve
de a poco. Nunca olvides el viaje,
las palabras, el rodar del último
tren que se aleja: él sabe bien

que nada te llevará mucho más lejos.


("el poeta ocasional")


Quaestio

Pues ni en los mejores poemas
puedes salvarte del mundo
.
Hacia la unánime noche
del sueño corren los lobos
.
Bastardos hijos del rey
de la sombra en tus oídos
.
Opreso en un laberinto
brama tu hermano de Creta
.
Y ante lo incierto del alba
ese temblor en los huesos
.
Ni te salva ya la luz
por las colinas del Este
.
Ni de los mejores poemas
esa recóndita música


(muro fb daniel montoly)

jueves, 19 de octubre de 2017

César Cantoni (1951 )

Gente de letras


Sálvame, Señor, de los poetas,
de los críticos literarios,
de los académicos de la lengua,
de los profesores de Lengua y Literatura,
de los ilustres literatos,
de los escribidores...
Y, sobre todo, de mí mismo,

sálvame, Señor.


("rua das pretas")

miércoles, 18 de octubre de 2017

Amaranta Caballero (1973 )

I


Hay un hombre al que le gustan
los poemas chiquitos
como los pezones de algunas mujeres.

El hombre se reinventa a sí mismo
contándose una historia cada vez
mientras el cuerpo le tiembla un poco
bañado de constelaciones.

Nunca se desorienta
por eso ve claramente desde su sitio
un Sol que se oculta a sus espaldas.


("alforja, revista de poesía", no.xx, primavera 2002)

martes, 17 de octubre de 2017

Luis Alberto Arellano (1976/2016))

Suite Bollard

I
Celebra los idus de marzo
no temas el puñal en tu costad
que la victoria es siempre una pequeña venganza
la muerte secreta libra al niño de su padre
solitario aprendo mi piel en jirones escritos
vivo al tiempo de los dragones
y se inmola mi santa santa
qué más da este precipicio o aquel otro
si la lluvia es sólo agua
el berrinche eterno de un corcel gracioso
la figura soñadora de una gacela desnuda
tirada en la cocina de mis entretelas
agua y sólo lluvia
el filo de las navidades sentada en la porción más recóndita de mis almenas
y gira la bola amarilla con un corcel verde
y gira la mano alrededor de tu cintura
entregada a los meandros de tus pechos
y el fino estilete de tus pezones surcando el espacio más íntimo
agua y sólo agua
las mentiras de una putidoncella acariciable
la revuelta de mis sentidos más lejanos
el absoluto mirar de una bola amarilla con un corcel verde.


("alforja, revista de poesía", no. xx, primavera 2002)


No mire a sus espaldas/ no hay nadie
No camine a sus espaldas/ no hay nadie
No entienda las voces a sus espaldas/ no hay nadie
No finja conocer el barrio a sus espaldas/ es de Nadie
No mire de frente a los hombres a sus espaldas/ se llaman
Nadie
No esconda sus plumas en el puño cerrado a sus espaldas/ el
muro es de Nadie
No escriba su nombre completo a sus espaldas/ es lectura de
Nadie
No escuche consejos de viajeros a sus espaldas/ es tierra
de Nadie
No pague con billetes en público a sus espaldas/ nada es el
valor de Nadie
No vaya a lugares públicos a sus espaldas/ el festejo es de
Nadie
No se quede en casa sólo a sus espaldas/ lo visitará Nadie
4
No encienda aparatos electrónicos durante el despegue a sus
espaldas/ el vuelo lo pilota Nadie
No recline su asiento antes de que se encienda la luz roja
a sus espaldas/ caemos por culpa de Nadie
No registre su teléfono a sus espaldas/ es trabajo de Nadie
No espere detrás de la puerta a sus espaldas/ la escucha es
para favorecer a Nadie
No intente esto en casa a sus espaldas/ usted vive en casa
de Nadie
No discuta cuando le pidan sus objetos de valor a sus
espaldas/ Todo pertenece a Nadie
No exponga a sus hijos al fuego a sus espaldas/ la materia
es porosa como Nadie
No se deje al alcance de los niños a sus espaldas/ la
precaución es objeto de estudio de Nadie
No conteste el teléfono a cualquiera a sus espaldas/ su
posición en el mapa es saber de Nadie
No camine por calles sin iluminación a sus espaldas/ la
oscuridad es premisa de Nadie
No finja que sabe la respuesta a sus espaldas/ la pregunta
la formula Nadie
5
No negocie con terroristas a sus espaldas/ no tiene permiso
de Nadie


("caja negra. efecto nocturno", pdf)

lunes, 16 de octubre de 2017

Alicia Silva Rey (1950 )

Razas



primero Marguerite D., luego su traductora, Alejandra,
hablaron del palacio
de la soledad: "No les disparen a los fantasmas", dijeron,
"no le disparen al viento" como en una escena de cowboys
en el palacio de la soledad; cómo situar palacios
de soledad en Haití -filibusteros; ejércitos
de Napoleón- víctima de negros africanos
dirigidos por un tal Toussaint Loverture, negro

cómo, en Haití, sin hacienda, mujeres abusadas
y el culto fetichista de las serpientes (ellas y yo
amamos nuestros palacios de soledad); no Puerto Rico,
la más culta de las Antillas, húmeda perla, colonial,
ni Cuba "la más hermosa que jamás ojos vieron"
controladas por la Union sólo
en lo que atañe a su luz,
su espacio material e inmaterial,
su puerto el más vasto de América,
su catedral en la europea Habana
que guarda (ca. 1913) el sepulcro vacío de Colón


("otra iglesia es imposible")

domingo, 15 de octubre de 2017

Salvador Novo (1904/1974 )

Soneto


Escribir por que sí, por ver si acaso
se hace un soneto más que nada valga;
para matar el tiempo, y porque salga
una obligada consonante al paso.

Porque yo fui escritor, y éste es el caso
que era tan flaco como perra galga;
crecióme la papada como nalga,
vasto de carne y de talento  escaso,
¡Qué le vamos a hacer! Ganar dinero
y que la gente nunca se entrometa
en ver si se lo cedes a tu cuero.

Un escritor genial, un gran poeta...
Desde los tiempos del señor Madero,
es tanto como hacerse una puñeta.


("alforja, revista de poesía", no.xx, primavera 2002)

sábado, 14 de octubre de 2017

Elkin Restrepo (1942 )

No conviene volver una y otra vez



No conviene volver una y otra vez sobre lo mismo
No conviene que te encierres en tu sordo, desgastado canto
Y, otra vez, derrotándote, hagas de ti tu propio enemigo.
No conviene que cargues el corazón con el peso de tus
Soledades y vacíos
Ni conviene que el dolor y la sombra te hechicen.
No conviene que tu pena sea más joven que tu esperanza

Ni conviene tampoco que tus palabras valgan más que tu silencio.


("no me quites paz")


Anita Eckberg



En Roma, eso ahora lo comprendes,

el verano se convierte rápidamente en olvido,

en hojas secas, en una sensación dolorosa.

Las aves ya no chillan o chillan de manera distinta

en las canoas de los viejos palacios,

y en las calles otra luz desmorona el oro de la vida.

Las cosas (tus cosas) parecen diluirse

en un sueño confuso.

y la desdicha llega a casa

y se instala como un viejo amante.

Sientes que esto es nuevo en ti,

un mensaje apenas recibido, una derrota.

En las afueras del Coliseo,

los escasos turistas rezagados se pasean,

y las terrazas de los cafés están vacías,

y las limosinas de las condesas

y los ricos norteamericanos

ya no abochornan el tráfico romano.

La ciudad también, como tú, ha perdido algo,

su juventud, su fuego, su íntimo regocijo,

y sobre la fachada de las edificaciones,

de los palacios restaurados,

la humedad, el tiempo que pasa y no vuelve,

ensaya un nuevo color,

cubre de moho y silencio el vasto material de los días.



Pero Roma es eterna,

y tu dolor, apenas una sensación nueva,

una primera derrota.

Tu dolor para el cual, ya lo sabes, no existe


bálsamo o sabiduría alguna que lo alivie.


("círculo de poesía")

viernes, 13 de octubre de 2017

Safo (630 aC/580 aC)

Cuando la alegre fiesta



Ven a mí desde Creta hasta este sacro

templo; donde, en tu honor, una arboleda

amable de manzanos; donde altares

perfumados de incienso;



agua fresca murmura aquí entre ramas

de manzano, y umbrío está de rosas

todo el recinto, y de la fronda trémula

un sopor se desprende;



y el prado que apacienta a los caballos

copioso está de flores primaverales; soplan

aires de olor a miel…



Aquí, pues, tú, chipriota, coronada,

en copas de oro, delicadamente,

escáncianos el néctar ya mezclado

cuando la alegre fiesta



("rima interna", trad. de juan manuel macías)

jueves, 12 de octubre de 2017

Horacio Castillo (1934/2010 )

Dice Eurídice


La ansiedad me dominó, y luego la inquietud, cuando supe que venías: horror de que me vieras así, con este tocado de sombra, el pelo sin brillo -el pelo, que el sol no se cansaba de dorar. Terror también de que no fueras el mismo -el que permanecía en mi memoria-
y al mismo tiempo curiosidad por ver de nuevo un ser vivo.
Hace tanto que nadie venía por aquí,
tanto que nadie se llevaba un alma o un perro,
que cuando oí tus pasos y tu voz llamándome,
cuando por fin te estreché, más que a ti estaba abrazando a la vida.
Después tu calor me condensó, me secó como una vasija,
y caminé por el sombrío corredor
otra vez con aquella máquina atronadora dentro del pecho
y un carbón encendido en medio de las piernas.
Caminé de tu brazo, imaginando ya la luz,
los árboles junto a los cuales caminábamos,
aquella habitación llena de espejos
donde flotábamos como dos ahogados.
Hasta que de pronto tu paso se hizo nervioso,
tu pensamiento se espantó como un caballo,
y vi que tratabas de desprenderte de mí,
de librarte de la trampa de la materia mortal.
"No te vayas -supliqué- no me dejes aquí,v déjame ver de nuevo las nubes y el sol,
suéltame por el mundo como una potranca tracia."
Pero tú ya corrías hacia la salida,
y durante siete días y siete noches oí cómo llorabas,v cómo cantabas en la ribera del río infernal
nuestra vieja canción: "Lo lejano, sólo lo más lejano perdura." 


("cuadernos orquestados")

miércoles, 11 de octubre de 2017

Hilario Barrero (1946 )

Correspondencia



Compras en un mercado de la calle Catorce

cartas de amor con olor a lavanda,

de seguro trazo y emocionado tono,

que otros apasionadamente se escribieron

y que atadas con una cinta roja

todavía conservan de franquicia

el perfil victorioso del nuevo dictador.

Una historia secreta, lejana y misteriosa

de un imposible amor, ya ceniza su fuego.

Mientras la excavadora de tus ojos

enturbia la clausura de la tinta

y el azadón furioso de tus manos

avanza perturbando la escritura

tú sabes bien que nunca lograrás

para las tuyas ni mirada piadosa

que preserve la hiel de tus acentos

ni comprador alguno interesado.

Tu vida, no lo olvides, es un acto

continuo de escritura maldita.



("el cultural")

martes, 10 de octubre de 2017

Sophia de Mello Breyner Andresen (1919/2004 )

Fernando Pessoa


Tu canto justo que desdeña las sombras
Limpio de vida viudo de persona
Tu valiente atreverse a no ser nadie
Tu navegación con brújula y sin astros
En el mar indefinido
Tu exacto conocimiento que nada posee

Crearon tu poema arquitectura
Y eres semejante a un dios de muchos nombres
Cariátide de ausencia exento de destinos
Invocando la presencia ya perdida
Y diciendo sobre la fuga de los caminos
Que fuiste como hierba no recogida


("cara lusitania, poetas portugese contemporáneos", ed. aldvs, méxico, 2010, trad. francisco cervantes)

lunes, 9 de octubre de 2017

José Luis García Martín (1950 )

Oración



Cada vez anochece más temprano y ese simple hecho, al que debería uno estar acostumbrado, me llena de melancolía. Camino por calles apartadas, al margen de la rutina, me cruzo con desconocidos, me vuelven de nuevo los fantasmas de la adolescencia. Uno de esos fantasmas me saluda con tímida cortesía y me sugiere que le acompañe. Lo que ocurrió después ya lo he contado muchas veces, demasiadas, y resulta fácil de adivinar.

            De camino a casa, recordé un poema de Carver: “A la edad que tú tienes, / casi toda la gente que admiras ya había muerto; / a la edad que tú tienes / ser un superviviente es un milagro / (como a cualquier edad, por otra parte) / y dormir como tú duermes, / de un tirón la noche entera /  casi todas las noches, un milagro aún mayor. / Agradéceselo a un Dios desconocido / y que tal vez no existe, / pero que siempre te ha mirado con amor, / pídele que siga sosteniéndote, / alto sobre el abismo, / por algún tiempo más / con su mano de ausencia y niebla y nada”.


("café arcadia")

domingo, 8 de octubre de 2017

Uriel Martínez (1950 )

Ese día



Antes que termine el último
otoño llevaré en la maleta la imagen
no olvidada de ti, de mi y de lejanas
playas sin sol;
Después que hayan cerrado
las cicatrices de frida, sylvia, marilyn
y mariana de alcoforado, buscaré
esquinas, avenidas y bocacalles olvidadas;
Aun después de cerradas puertas.
tragaluces, bóvedas y quemacocos
de ciudades derruidas, ahí llegaré
en pos de olvido;
De equipaje sólo llevaré diazepam,
vendas antiguas, agua oxigenada,
aspirinas, alcohol y ungüentos
naturales;


sé, lo sé de antemano, que ese día vendrá.


[Inédito]

sábado, 7 de octubre de 2017

Helen Mort (1985 )

Nombres comunes


En algún lugar, hay una araña llamada Harrison Ford,

otra especie se conoce como Orson Welles. El océano está lleno

de caballitos de mar que toman sus nombres de campeones deportivos.

Por encima de nuestras cabezas, una solitaria avispa Greta Garbo levanta el vuelo.

Cada día, alguien adopta una orca o compra

un pedazo de luna sólo para llamarlo Bob y ayer por la noche,

observando meteoros que navegan dando tumbos a través del cielo Grasmere,

tú me dijiste que hay planetas menores bautizados

Elvis, Nietzsche, Sr. Spock. Así que perdóname si levanté la vista

por encima de tu cara, para ver de cerca esas gotas plateadas

que forman los ríos en la oscuridad y, por un momento,

llegué a pensar que habría estrellas con nuestros nombres.


("El poeta ocasional", versión carlos alcorta)

viernes, 6 de octubre de 2017

Stefan Ivanov (1986 )

Primeras nieves


Cerca de Nevski las hojas son
del color de la cúpula y de mi cabello.

El fuego al Soldado Desconocido
sigue esperando un cigarro gigante.

Los travestis de la plaza Makedonia
otra vez me dijeron solecito.

Volví a casa en taxi

y aguardé en silencio al insomnio.


("el poeta ocasional" s/c al traductor)

jueves, 5 de octubre de 2017

Yolanda Pantin (1954 )

24 horas en la vida de una mujer


Se levanta
se peina
se lava
llena de agua un tarrito
se viste
se arregla
se calza

besa a quien quiere

sin fuego
sin vida
sin alma
se acuesta
se duerme


("de sibilas y pitias")

miércoles, 4 de octubre de 2017

Laura Victoria (1904/2004 )

Ya ni versos...


Ya ni versos escribo, sólo queda
este soñar de lágrimas teñido,
y una queja distante en el olvido
azul lejano de tu voz de seda.

Amor no es, es algo que remeda
la desmembranza del rosal caído,
donde ya ni las sombras hacen nido,
ni el viento en rondas de cristal enreda.

Algo que ayer fue lirio de mi fuente,
frescura de mi noche, y suavemente
luminar en mi senda florecida.

Algo que en mi agonía aún retengo,
porque es la única verdad que tengo
y no puedo arrancarla de mi vida.


Deseo


Sobre la tibia arena de la playa
tu amante cita con placer espero;
el sol retuesta mis desnudos hombros
y entre mi falda juguetea el viento.

Ya con salobres aguas cristalinas
el mar de añil acarició mi cuerpo;
llevo en los labios un coral partido
y una concha prendida en los cabellos.

Las esmeraldas de mis ojos tristes
aguardan tus pupilas de bohemio,
y mis manos germinan las caricias
que brotan al contacto de tus dedos.

Ven, ya se abren cual rojos amarantos
los capullos en flor de mis deseos,
y entre mis labios trémulos se enciende
la loca llamarada de mis besos.


("a media voz" y "no me quitez paz")

martes, 3 de octubre de 2017

Manuel Ramos Otero (1948/1990 )

No digáis que por falta...


No digáis que por falta de su bicho
mi verso resplandece hasta que arde
el culo es llamarada por la tarde
de noche, como Dios, vuelve a su nicho.

Si el lector me rechaza por cobarde
por miedo a la verdad es que lo ficho
tentación de poeta es lo entredicho
ignorancia juzgar por puro alarde.

Que no compre mi libro por la fama
para ser en la esquina muy discreto
que hasta muerto mi tumba será cama

una orgía de huesos y esqueleto
apasionado mármol para el que ama
bajo el sol y la luna sin secreto.


("del mangle")

lunes, 2 de octubre de 2017

Alda Merini (1931/2009 )

Nuestro triunfo



El pie de la locura
está manchado de azul.
Con él hemos emigrado
por montes de ascensión;
el pie de la locura
nada tiene de divino
pero la mente nos lleva
por las pendientes blancas
donde llora la nieve,
            medra el saúco
            gime el cordero.
Hemos cruzado puentes,
examinado reglas,
y cuando la oscura sombra
del delirio gravitaba
en la profunda nuca,
inclinábamos la cabeza
como ante una ley;
y hemos promulgado
la ley mosaica
desactivando minas
en altiplanos prohibidos.
Nuestro triunfo
baja de las montañas
como enorme cascada,
y nos hemos quedado
igual a aquellos ángeles
a quienes en un día de aurora
les brotaron alas.


("pájaros lanzallamas", trad. guillermo fernández)

domingo, 1 de octubre de 2017

Sandra Toro (1968 )

Vayan sabiendo



No quiero sacar una hoja dejar renglón
bajarme la pollera peinarme un poco
terminar todo el plato sacar la mano de ahí.

No quiero abrir la boca
decir “Ahhhhhhhhhhh” toser seguir el dedo
respirar hondo-contener el aire-respirar normal.

No quiero dar excusas buenos días
pésames lástima rienda suelta
la mano en la reunión.

No quiero precalentar el horno
batir a punto letra enmantecar el molde
agitar antes de servir.

No quiero apilar siempre con este lado hacia arriba
tirar de la palanca en caso de incendio
conservar mi derecha mirar atrás al bajar.

No quiero cortar por la línea de puntos
mantener la distancia firmar al pie
tachar lo que no corresponda

Marcar con una cruz
presionar 1
cerrar paréntesis


("emma gunst")

sábado, 30 de septiembre de 2017

Mario Benedetti (1920/2009 )

Angelus



Quién me iba a decir que el destino era esto.

Ver la lluvia a través de letras invertidas,
un paredón con manchas que parecen pronombres,
el techo de los ómnibus brillantes como peces
y esa melancolía que impregna las bocinas.

Aquí no hay cielo,
aquí no hay horizonte.

Hay una mesa grande para todos los brazos
y una silla que gira cuando quiero escaparme.
Otro día se acaba y el destino era eso.

Es raro que uno tenga tiempo de verse triste:
siempre suena una orden, un teléfono, un timbre,
y, claro, está prohibido llorar sobre los libros
porque no queda bien que la tinta se corra.


("rua das pretas")

viernes, 29 de septiembre de 2017

Janet Frame (1924/2004 )

Soy invisible




Soy invisible.
Siempre he sido invisible
como la pobreza en un país rico,
como los ricos en sus cuartos velados de sus casas con muchos cuartos,
como las pulgas, los piojos, como lo que crece bajo la tierra,
los mundos más allá del cielo, el viento, el tiempo, las ideas –
el catálogo de invisibilidad es inagotable,
y, eso dicen, no es buena poesía.

Como las decisiones.
Como cualquier otra parte.
Como las instituciones alejadas del camino llamado Scenic Drive.

No más símiles. Soy invisible.
En un mundo poblado por gente de visión binocular después de todo soy parte de la mayoría
mientras que tú y yo caminamos con nuestra lunita creciente de visión en nuestra oscuridad personal
a través de un mundo en el que las decisiones de ser y no ser
se encuentran controladas por la luz
asistidas por las lágrimas y el sueño de la desatención o la muerte.

Soy invisible.
Los amantes atraviesan mi vida para tocarse entre sí,
la lluvia que cae en mí me traspasa como sangre sobre la tierra.
Ninguna cabeza me incluye como conocimiento.
Otorgo libertad a quienes bailan,
a decir la verdad.
Así es. No hay nadie aquí para observar ni escuchar disimuladamente,


y entonces aprendo más de lo que tengo derecho a saber.


("pájaros lanzallamas", trad.  irene Artigas, lorena saucedo y paula busseniers, 'huesos de jilguero, uv-xalapa, méx., 2014)

jueves, 28 de septiembre de 2017

Miguel Barnet Laza (1940 )

Salimos a la calle



Salimos a la calle, caminamos bajo la llovizna,
entramos en un bar, bebemos, compramos una pizza,
la envolvemos, se enfría, la tiramos,
seguimos malecón abajo, las olas blancas
levantan sobre nuestras cabezas,
la noche es lenta, acuosa, no sé si triste,
tomamos café, tú casi no me ves, no me oyes
Te acompaño al ómnibus
No puedo articular palabra
Te vas en silencio
Yo tomo el ómnibus siguiente,
nada me molesta, ni el tumulto ni el vocerío,
me quedo en el puente,
las parejas jugueteando en la yerba,
demasiado lejos mi casa
Entro, subo las escaleras
Repaso mi vida, y en cada imagen estás,
en cada imagen perteneces,
abro la puerta, el apagón, qué maravilla,
me tiro en la cama, oscuro, silencioso,
Alguien llama al teléfono. No respondo.
Afuera es posible que siga cayendo la llovizna.


("arte poética")

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Mario Montalbetti (1953 )

Momentos estelares del Estado-Nación Perú


II



el amor tiene algo de odio de dios

el amor siendo humano tiene algo del odio de dios

el odio de dios no es humano

el amor siendo humano tiene resaca y delito

el amor humano se empoza y se quema en la puerta del horno

como el odio de dios

como el odio ciego de dios




su luces en luces en sol


Objeto y fin del poema

Es de noche y tiene que aterrizar
antes de que se acabe el combustible.
Así terminan todos sus poemas,
tratando de expresar con un lenguaje
público un sentimiento privado.

Su ambición es el lenguaje del piloto
hablándole a los pasajeros
en medio de una situación desesperada:
parte engaño, parte esperanza, parte verdad.

Todos los poemas terminan igual.
Hechos pedazos contra un cerro oscuro
que no estaba en las cartas.

Luego hallan los restos: el fuselaje,
la cola como siempre, intacta,
el olor a cosa quemada consumida por el fuego.
Pero ninguna palabra sobrevive.


("círculo de poesía" y "life vest under your seat")

martes, 26 de septiembre de 2017

Fernando Pessoa (1888/1935 )

El misterio de las cosas


El misterio de las cosas, dónde está?
¿Dónde está que no aparece
para mostraros al menos que es misterio?
¿Qué sabe de eso el río y qué sabe el árbol?
Y yo, que no soy más que ellos ¿Qué sé de eso?
Siempre que miro las cosas y pienso en lo que los hombres
piensan de ellas,
Río como un arroyo que suena fresco entre las piedras.
Porque el único sentido oculto de las cosas
Es que no tienen ningún sentido oculto,
Es más extraño que todas las extrañezas
Y que todos los sueños de los poetas
Y los pensamientos de todos los filósofos,
Que las cosas sean realmente lo que parecen ser
Y que no haya nada que comprender.
Sí, he aquí lo que mis sentidos aprendieron solos: —
Las cosas no tienen significado: tienen existencia.
Las cosas son el único sentido oculto de las cosas.


("revista el humo", trad. m.a. flores)

lunes, 25 de septiembre de 2017

Verónica G. Arredondo (1984 )

 Las evas de velarde no andaban de mala copa



al contrario, ajustaban talla 36 ó 34
bajos larguísimos encajes, a veces, al aire
Ni putas ni infantas
Canonizadas, alabadas, malqueridas, reprimidas, endiosadas –más no a la deidad correcta– malcogidas, jamás
Ramón puedo tener a la que le viniera en gana, o mejor dicho, a La que decidiera apuntarle en el ojo y morder la bala
Colegialas ilustres, de parentesco inventado (?), coquetas y espigadas, de la infancia amigas susurraban su nombre, de cuchicheo en cuchicheo
La falda bajada hasta el huesito es un mito urbano, la altura deseada es:
bajo el maxilar de las caderas, exponiendo en su totalidad las caladas medias, pendiendo de un fino liguero
Es mentira que las Evas prendieran el fogón sin meterse a bañar
(sin excepción en domingo)
Cosificadas, multiplicadas, patriarcadas, endemoniadas y exorcizadas, beatificadas, lubricadas, empoderadas y mul-ti-or-gásmicas
De la jarciería desaparecía la soga para marcar en la piel enrojecida el nombre
“Ramoncito” era un chico malo, promiscuo y persignado, tenía por insomnio la culpa
Tras hincar el tacón en su espalda, las jerezanas conocían la exacta medida
para hacerlo jadear
Se sabe que tuvo a más de alguna(s), pero ellas lo dejaban siempre pidiendo ¡más!
Espero que los Berumen, la familia, no den con estas líneas y quiéranme ajusticiar
De los manzanos Jerez se preparan los licores derramados el sábado de gloria
en tan excelso bacanal
Dicen que alguien escuchó una vez, de labios de una jerezana proferir:
“Podremos compartir de una misma copa: whisky, ginebra, brandy o mezcal,
mas no morderemos la misma manzana
Trátame suavemente, y no seré hoy tu domadora”.


[Inédito]

domingo, 24 de septiembre de 2017

Uriel Martínez (1950 )

Lluvia que llegas


Lluvia que llegas de noche,

haz que germinen mis muertos,
mis recuerdos, que mi oscuridad
crezca antes del dilatado silencio;

agua que llueves a altas
horas de mis años, tiende
alrededor de mis sienes
la máscara del reposo;

aguacero que llegas callado
como cobija de siglos,
cubre discreto mi rostro,
mi cuerpo de voces mil.

Lluvia que invitas a la sed,
moja mis labios con tus
labios, pasa tu lengua
por mi lengua de pasto;

contigo ya tarde quisiera
ya lento, como tú,
volver y luego desvanecerme,
quieto.


[Inédito]

sábado, 23 de septiembre de 2017

Saúl Ordoñez (1981 )

Diez canciones Pacos


1

entonces supe que todos los guapos se llaman paco
la muerte dormida en su piel de sarnoso terciopelo moteado
pero estaba de guano hasta el cuello
como una mala imitación de pollock firmada por los pájaros

como una mala imitación de pollock firmada por los pájaros

o un mal poema firmado por mí
                                                               o nos mayestático


("trompa de perro", fondo editorial estado de méxico, toluca, 2017)

viernes, 22 de septiembre de 2017

Gastón Baquero (1914/1997 )

Sintiendo mi fantasma venidero


Sintiendo mi fantasma venidero
bajo el disfraz corpóreo en que resido,
nunca acierto a saber si vivo o muero
y si sombra soy o cuerpo he sido.

Camino la ciudad, la reconstruyo
día tras día contemplando en vano;
luego vuelvo a perderla, luego huyo
protegiendo mi ensueño con la mano.

Y me tropiezo a mí, me reconozco
lleno de muerte, en sombra construido;
y sé que no soy más, pregunto, y no conozco

otro saber que el no saber sentido
por el muerto futuro que conduzco
bajo el disfraz corpóreo en que resido.


("crear en salamanca")

jueves, 21 de septiembre de 2017

Nazim Hikmet (1902/1963 )

Sobre quedarse sorprendido



Puedo amar,
y tanto,
pide lo que quieras,
mi vida, mis ojos.
Puedo enfurecerme,
mi boca no se llena de espuma,
pero la ira de un camello no es nada al lado de la mía,
solo la ira del camello, no su rencor.
Puedo comprender
muchas veces con mi nariz,
es decir oliendo lo más oscuro lo que está más lejos
y puedo pelear,
por todos y por todo lo que me parece justo, correcto y hermoso,
ni mi edad ni mi porte me lo impiden,
sin embargo hace tiempo que se me olvidó quedarme sorprendido.
La sorpresa me dejó y se fue con sus ojos bien abiertos
y bien jóvenes.

¡Qué lástima!

Tanganika, febrero 1963
Hotel Maranga

("cómo cantaba mayo en la noche", s/c al traductor)

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Álvaro Mutis (1923/2013 )

 Amén


Que te acoja la muerte
con todos tus sueños intactos.
Al retorno de una furiosa adolescencia,
al comienzo de las vacaciones que nunca te dieron,
te distinguirá la muerte con su primer aviso.
Te abrirá los ojos a sus grandes aguas,
te iniciará en su constante brisa de otro mundo.
La muerte se confundirá con tus sueños
y en ellos reconocerá los signos
que antaño fuera dejando,
como un cazador que a su regreso
reconoce sus marcas en la brecha.


("trianarts")

martes, 19 de septiembre de 2017

César Vallejo (1892/1938 )

La copa negra


La noche es una copa de mal. Un silbo agudo
del guardia la atraviesa, cual vibrante alfiler.
Oye, tú, mujerzuela, ¿cómo, si ya te fuiste,
la onda aún es negra y me hace aún arder?

La Tierra tiene bordes de féretro en la sombra.
Oye tú, mujerzuela, no vayas a volver.

Mi carne nada, nada
en la copa de sombra que me hace aún doler;
mi carne nada en ella
como en un pantanoso corazón de mujer.

Ascua astral… He sentido
secos roces de arcilla
sobre mi loto diáfano caer.
¡Ah, mujer! Por ti existe
la carne hecha de instinto. Ah, mujer!

Por eso ¡oh, negro cáliz! aun cuando ya te fuiste,
me ahogo con el polvo
y piafan en mis carnes más ganas de beber!


("trianarts")

lunes, 18 de septiembre de 2017

Verónica Volkow (1955 )

Laberinto


Con mi vida escribo
la huella de una estrella,
un laberinto que encendida ando.
Sumergida en la sombra
mirada plena,

Hay un vuelo que abre
la luz en lo interno
un caminar sensible,
y cuidado
del corazón despierto.


("latitudes latinas")

domingo, 17 de septiembre de 2017

Siomara España (1976 )


La casa vacía



No invites a nadie
a nuestra casa,
pues repararán en
puertas, paredes, escaleras
y ventanas,
mirarán la polilla en
los rincones,
los cerrojos oxidados,
las lámparas ciegas, arruinadas.
No traigas a nadie a nuestra casa
pues no tendrán más
que angustia de tu mesa,
de tu cama, tu mantel,
del mobiliario se reirán
de pena por las tazas, fingirán
nostalgia de mi nombre,
y reirán de nuestra hamaca.
No traigas más gente a nuestra casa
pues te escribirán canciones,
te entusiasmarán el alma,
te susurrarán traviesos,
sembrarán una flor en tu ventana.

Por eso no debes, te lo ruego,
traer más gente a nuestra casa
pues se pondrán rosados,
verdosos, rojizos o azulados,
al descubrir paredes rotas
las plantas marchitadas.
Querrán barrer en los rincones
querrán abrir nuestras persianas
y encontrarán seguro entre mis libros
las excusas perversas que buscaban.

No traigas más nadie a nuestra casa,
así descubrirán nuestros absurdos
te llevarán lejos a otras playas
te contarán historias de naufragios
te sacarán a rastras de esta casa.


("de sibilas y pitias")

sábado, 16 de septiembre de 2017

Raúl Gómez Jattin (1945/1997 )


El amor brujo



He robado parte de tu cuerpo y de tu alma
Le he tendido una celada a los recuerdos
que aquí te recuerdo ¿Recuerdas amor?
El cielo de la noche casi azul se asoma
entre tus pestañas Noche vibrátil
Una vez me fui hasta tu regió de monte
enfermo de hongos y tristezas muy tristes
Y aluciné con tu imagen alta y flexible
galopando un caballo de nube Luego
Venías por la tarde desde el Retiro de los Indios
en tu carruaje blanco y yo iba a pie
por la carretera Como un sonámbulo
Sonríes desde lejos como si masticaras
mi corazón entre tus colmillos
Mis palabras le quitan a tu vida muerte
Vives en este libro aunque te tengo miedo
Aunque apenas si hemos hablado
Pero te amo tanto como siempre
Tanto como puedas imaginar
Y estamos lejos
Como el sol del mar.


("vallejo &  co.")

viernes, 15 de septiembre de 2017

Allen Ginsberg (1926/1997 )

Muy lejos de aquí


Dicen que los sudorosos negros
se adentran ágiles
en las infernales minas
a miles de pies de profundidad
en las montañas sudafricanas
para extraer diamantes y oro
para que brillen en las blancas
manos de banqueros, políticos,
ejércitos y policías.


(muro fb de daniel montoly, trad. del propio dm)

jueves, 14 de septiembre de 2017

Robin Myers (1987 )

La metafísica de Pedro el heladero






Según lo veo yo, el cielo es otro mundo, nada más,
y yo no soy de ahí.
Vi un programa en la tele acerca de los peces de las profundidades,
que viven tan profundo que casi no son peces, sino apenas
pinchos y lamparitas que relumbran en un lugar extraño.
Nosotros no podemos bajar tanto, excepto en una máquina.
De intentar respirar, nos ahogaría el agua,
y nos aplastaría la oscuridad. Mientras que aquellos peces
se la pasan nadando por ahí, con sus luces de giro y sus dientitos,
comiendo lo que sea que ellos comen,
todas nuestras palabras y los planes que hacemos no nos sirven de nada;
y todas esas sombras y las cosas que brillan,
junto con la comida invisible de los peces,
tienen bastante más sentido que nosotros.
¿Por qué sería diferente el cielo?
Otro país por el que para entrar tenemos que morir,
y donde ya no importan la tierra ni la sangre ni los huesos,
y hay que aprender a parecerse al aire
después de caminar por tantos años.
Cuando a la noche prendo una vela al costado de mi cama,
eso es lo más que llego a parecerme
a los peces de las profundidades.
Se me voló el sombrero un día de viento;
quizá eso se parezca un poquito a volar
o a tener un espíritu o a ser uno. Jamás volví a encontrarlo.
Quizá llegue a algún lado antes que yo,
quizá me quede donde estoy sin él.


("el poeta ocasional", trad. ezequiel zaidenwerg)

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Frank Báez (1978 )

Nuestro Santa Claus


Afuera no para de llover
y nuestro negro y escuálido Santa Claus
empuja un carrito de supermercado
por toda la Independencia.

Deja atrás repuestos,
liquor stores,
bancas de apuestas,
iglesias evangélicas.

Hasta el final de la Independencia
como si no supiera
que ya casi estamos en marzo.


("revista el humo")

martes, 12 de septiembre de 2017

Gonçalo M. Tavares (1970 )

Errores de uno o de muchos



Los errores científicos son errores de una comunidad científica.

Al error de Uno (sin seguidores) lo llamamos Arte.


("pájaros lanzallamas", trad. alonso sáenz delgado)

lunes, 11 de septiembre de 2017

John Ashbery (1927/2017)

Autorretrato en espejo convexo



Como hizo el Parmigianino, con la mano derecha
más grande que la cabeza, adelantada hacia el espectador
y replegándose suavemente, como para proteger
lo que anuncia. Unos cristales emplomados, viejas vigas,
muselina plisada, un anillo de coral corren unidos
en un movimiento sobre el que se apoya el rostro, que flota
acercándose y retirándose como la mano
sólo que está en reposo. Es lo que está
sustraído.Dice Vasari: “Francesco se puso un día
a sacarse su retrato, y se miró con ese proposito
en un espejo convexo, como los que usan los barberos…
Para ello mandó a un tornero que le hiciera
una bola de madera y tras partirla por la mitad y
reducirla al tamaño del espejo, con gran arte
se puso a copiar cuanto veía en el espejo"
principalmente su reflejo, del que el retrato
es el reflejo una vez quitado.
El espejo decidió reflejar tan sólo lo que él veía,
que fue suficiente para su propósito: su imagen
barnizada, embalsamada, proyectada en un ángulo
de ciento ochenta grados.
La hora del día o la densidad de la luz,
adhiriéndose al rostro, lo conservan
vivaz e intacto en una ola recurrente
de llegada. El alma se asienta.
Pero ¿hasta dónde puede salir por los ojos flotando
y aún regresar a su nido a salvo? Al ser la superficie
del espejo convexa,la distancia aumenta
significativamente; es decir lo bastante para apuntar
que el alma es prisionera, tratada humanitariamente
mantenida en suspenso, incapaz de avanzar hasta mucho más allá
de tu mirada cuando intercepta el cuadro.
El Papa Clemente y su corte se quedaron “estupefactos”,
quedó Vasari, y le prometieron un encargo
que nunca se materializó. El alma ha de permanecer donde
está
aunque se inquiete, oyendo gotas de lluvia en el cristal,
el suspirar de las hojas de otoño azotadas por el viento,

anhelando estar libre, fuera, pero debe quedarse
posando en este sitio. Debe moverse
lo menos posible. Esto es lo que dice el retrato.
Pero hay en esa mirada fija una combinación
de ternura, diversión y pesar, tan poderosa
en su contención que uno no puede mirar mucho tiempo.
El secreto es demasiado evidente. Escuece su piedad,
hace brotar lágrimas calientes: que el alma no es alma,
no tiene secreto, es pequeña, y encaja
en su hueco perfectamente; su habitación, nuestro momento
de atención.
Esa es la melodía pero no hay letra.
La letra es sólo especulación
(del latín speculum, espejo):
busca el significado de la música sin poder hallarlo.
Vemos tan sólo posturas del sueño,
jinetes del ademán oscilante que hace aparecer
el rostro bajo cielos de tarde, sin
falso desaliño como prueba de autenticidad.
Pero es la vida englobada.
Uno querría sacar la mano
fuera del globo, pero su dimensión,
lo que lo soporta, no lo permitirá.
Sin duda es esto, no el reflejo
de esconder algo, lo que hace que la mano destaque tanto
mientras retrocede ligeramente. No hay forma
de erigirla plana como la sección de un muro:
debe unirse al segmento de un círculo,
volviendo al azar al cuerpo del que parece
tan improbable parte, para cercar y apuntalar el rostro
en el que el esfuerzo de este estado se ve
como el ápice de una sonrisa, un destello
o estrella que uno no está seguro de haber visto
cuando se reanuda la oscuridad. Una luz perversa cuyo
imperativo de sutileza de antemano condena su
presunción de alumbrar: insignificante pero intencionada.
Francesco, tu mano es lo bastante grande
para destrozar la esfera, y demasiado grande,
pensaría uno, para tejer delicadas mallas
que sólo arguyen su posterior detención.
(Grande, pero no tosca, simplemente a otra escala,
como una ballena dormitando en el fondo del mar
en relación con el diminuto, presuntuoso barco
de la superficie.) Pero tus ojos proclaman
que todo es superficie. La superficie es lo que está ahí
y nada puede existir excepto lo que está ahí.
No hay entrantes en la habitación, sólo concavidades,
y la ventana no tiene mucha importancia, ni ese
plateado de ventana o espejo de la derecha, ni siquiera
como indicador del tiempo, que en francés es
le temps, la palabra de tiempo, y que
sigue un curso en el que los cambios son sólo
características del conjunto. El conjunto es estable dentro
de la inestabilidad, un globo como el nuestro, que descansa
sobre un pedestal de vacío, una bola de ping-pong
segura sobre su surtidor de agua.
Y así como no hay palabras para la superficie, es decir,
no hay palabras para decir lo que es realmente, que no es

superficial sino un núcleo visible, así no hay
salida para el problema de pathos contra experiencia.
Ahí seguirás, intranquilo, sereno en
tu gesto que no es abrazo ni aviso
pero que encierra algo de ambos en pura
afirmación que no afirma nada.
Estalla el globo, la atención
se desvía mortecinamente. Las nubes
en el charco se convierten al moverse en fragmentos serrados.
Pienso en los amigos
que vinieron a verme, en qué tal
fue ayer. Un sesgo extraño
de la memoria que atraviesa al modelo que suena
en el silencio del estudio mientras piensa
si levantar el lápiz hasta el autorretrato.
Cuánta gente vino y se quedó algún tiempo,
pronunció palabras claras u oscuras que se hicieron parte de
ti
como la luz tras niebla y arena empujadas por el viento,
influida y filtrada por ellas, hasta que ya no queda
ninguna parte que sea sin duda tú. Esas voces del atardecer
te lo han contado todo y sin embargo prosigue el cuento
en forma de recuerdos depositados en bloques
irregulares de cristales. ¿De quién, Francesco, la mano arqueada

que controla las estaciones cambiantes y los pensamientos
que se van pelando y emprenden el vuelo a velocidades de
vértigo
con las últimas y obstinadas hojas arrancadas
de ramas húmedas? En esto veo tan sólo el caos
de tu espejo redondo que lo organiza todo
en torno a la estrella polar de tus ojos que están vacíos,
no saben nada, sueñan pero nada revelan.
Siento el tiovivo ponerse en marcha lentamente
y cada vez ir más de prisa: mesa, papeles, libros,
fotografías de amigos, la ventana y los árboles
fundiéndose en una sola banda neutra que me rodea
por todas partes, dondequiera que mire.
Y no puedo explicar la acción de igualar,
por qué habría de reducirse todo a una sola
sustancia uniforme, a un magma de interiores.
Mi guía en estas cuestiones es tu yo,
firme, oblicuo, que lo acepta todo con el mismo
espectro de sonrisa, y al acelerarse el tiempo de modo que es
pronto
mucho más tarde, puedo conocer tan sólo la salida recta,
la distancia entre nosotros. Hace mucho tiempo
los datos esparcidos significaban algo,
los pequeños accidentes y placeres
del día a medida que avanzaba desgarbadamente,
un ama de casa con sus quehaceres. Imposible ahora
restituir esas propiedades en la plateada mancha que es
el registro de lo que lograste al sentarte
«a copiar con gran arte cuanto veías en el espejo»
para perfeccionar y excluir lo ajeno
para siempre. En el círculo de tus intenciones quedan
algunas vigas que perpetúan el encantamiento de un yo con
otro yo:
miradas, muselina, coral. No importa
porque estas son cosas que son iguales hoy
antes de que la sombra propia se saliera del campo
por vez primera para hacerse pensamientos del mañana.

El mañana es fácil, pero el hoy está inexplorado,
desolado, reacio como cualquier paisaje
a rendir lo que son leyes de la perspectiva
sólo para profunda desconfianza del pintor
después de todo, un instrumento endeble aunque
necesario. Por supuesto algunas cosas
son posibles, el hoy lo sabe, pero no sabe cuáles. Algún día
intentaremos
hacer tantas cosas como sean posibles
y tal vez lo logremos con un puñado
de ellas, pero esto no tendrá nada
que ver con lo que es hoy prometido, nuestro
paisaje que se nos vuela para desaparecer
por el horizonte. Brilla hoy lo bastante de una envoltura
para mantener la suposición de promesas unidas
en un solo trozo de superficie, que lo dejan a uno volver
paseando desde ellas a casa para que estas
aún mayores posibilidades puedan permanecer
intactas sin someterse a prueba. De hecho
la cascara del cuarto-burbuja es tan resistente como
huevos de reptil: todo allí se ve «programado»
a su debido tiempo; se va incluyendo más
sin que ese más se añada a la suma, y así como uno
se acostumbra a un ruido que
lo mantenía despierto pero ya no lo hace,
así la habitación alberga este flujo como un reloj de arena
sin variar de clima ni de calidad
(excepto quizá para iluminarse sombría y casi
invisiblemente, en un foco que se afila hacia la muerte: habrá
más sobre esto luego). Lo que debería ser el vacío de un
sueño
se va llenando continuamente al ponérsele espita
al manantial de los sueños para que este concreto sueño
pueda crecer, florecer como una rosa de cien hojas,
desafiando suntuarias leyes, dejándonos
para que despertemos y tratemos de empezar a vivir en lo que
se ha convertido ahora en un suburbio. Sydney Freedberg en su

Parmigianino dice del cuadro: «El realismo en este retrato
no crea ya una verdad objetiva, sino una bizarría...
Sin embargo su distorsión no produce
una sensación de falta de armonía...Las formas conservan
una fuerte dosis de belleza ideal», porque
las nutren nuestros sueños, tan inconsecuentes hasta que un día

nos fijamos en el hueco que dejaron. Ahora su importancia
está clara si no su significado. Habían de nutrir un sueño que
las incluye a todas, ya que están
finalmente invertidas en el espejo acumulador.
Parecían extrañas porque en realidad no podíamos verlas.
Y de esto sólo nos damos cuenta en un punto en el que se
esfuman
como una ola rompiendo en una roca, renunciando
a su forma en un gesto que expresa esa forma.
Las formas conservan una fuerte dosis de belleza ideal
al hurgar en secreto en nuestra idea de la distorsión.
¿Por qué estar descontentos con esa ordenación, si
los sueños nos prolongan al ser absorbidos?
Algo ocurre que parece vivo, un movimiento
que sale del sueño para entrar en su codificación.
Al empezar yo a olvidarlo
presenta su estereotipo otra vez
pero es un estereotipo desconocido, el rostro
fondeando, salido de mil peligros, para encarar
otros pronto, «más de ángel que de hombre» (Vasari).
Tal vez un ángel tenga el aspecto de cuantas cosas
se nos han olvidado, quiero decir las cosas
olvidadas que no nos son familiares al
volver a encontrarlas, perdidas inefablemente,
que una vez fueron nuestras. Este sería el motivo
para invadir la intimidad de este hombre que
«se interesó por la alquimia, pero cuyo deseo
no era aquí examinar las sutilezas del arte
con espíritu distanciado y científico: deseaba a través de ellas
transmitir al espectador la sensación de novedad y asombro»

(Freedberg). Retratos posteriores como el «Caballero»
de los Uffizi, el «Joven prelado» de la Borghese y
la «Antea» de Nápoles resultan de tensiones
manieristas, pero aquí, como señala Freedberg,
la sorpresa, la tensión están en el concepto
más que en su realización.
La consonancia del Alto Renacimiento
está presente, aunque distorsionada por el espejo.
Lo que es novedoso es el extremo cuidado en representar
las veleidades de la redondeada superficie reflectora
(es el primer retrato de espejo),
de modo que podrías engañarte por un instante
antes de darte cuenta de que el reflejo
no es el tuyo. Te sientes entonces como uno de esos
personajes de Hoffmann a los que se ha privado
de reflejo, sólo que la totalidad de mí
se ve que está suplantada por la rigurosa
otredad del pintor en su
otra habitación. Lo hemos sorprendido
trabajando, pero no, él nos ha sorprendido
mientras trabaja. El cuadro está casi acabado,
la sorpresa casi pasada, como cuando uno se asoma a mirar,
sobresaltado por una nevada que aún ahora está
terminando en chispas y partículas de nieve.
Tuvo lugar mientras estabas dentro, dormido,
y no hay ninguna razón por la que debieras haber
estado despierto para ello, salvo que el día
se está acabando y te será difícil
conciliar esta noche el sueño, hasta tarde al menos.


La sombra de la ciudad inyecta su propia
urgencia: Roma donde Francesco
trabajaba durante el Saqueo: sus invenciones
asombraron a los soldados que irrumpieron en su estudio;
decidieron perdonarle la vida pero él se fue al poco tiempo;
Viena donde está hoy la pintura, donde
la vi con Pierre en el verano de 1959; Nueva York
donde estoy ahora, que es un logaritmo
de otras ciudades. Nuestro paisaje
rebosa de filiaciones, viajes rápidos de ida y vuelta;
los negocios se llevan con la mirada, el gesto,
los rumores. Es otra vida de la ciudad,
la azogada espalda del espejo del
estudio inidentificado pero dibujado precisamente. Quiere
sacar con sifón la vida del estudio, reducir
a decretos su espacio en el mapa, hacerlo isla.
Esa operación se ha visto paralizada temporalmente
pero algo nuevo está en camino, un nuevo preciosismo
en el viento. ¿Puedes soportarlo.
Francesco? ¿Eres lo bastante fuerte?
Este viento trae lo que no sabe, es
autopropulsado, ciego, no tiene noción
de sí mismo. Es la inercia que una vez
reconocida mina toda actividad, secreta o pública:
susurros de la palabra que no puede entenderse
pero sí sentirse, un escalofrío, una plaga
que sale hacia el exterior por los cabos y penínsulas
de tus nervaduras y así para los archipiélagos
y para el aireado y bañado secreto del mar abierto
éste es su lado negativo. Su lado positivo
es que te hace notar la vida y las tensiones
que parecía sólo que se marchaban, pero que ahora,
a medida que esta nueva manera va cuestionando, se ve que
se apresuran a pasar de moda. Si han de convertirse en clásicos
tienen que decidir de qué lado están.
Su reticencia ha socavado
el decorado urbano, ha hecho que sus ambigüedades
parezcan tercas y cansadas, los juegos de un anciano.
Lo que ahora necesitamos es ese improbable
aspirante al título que aporrea las puertas de un castillo
asombrado. Tu argumento, Francesco,
había empezado a ponerse rancio al no verse venir
respuesta ni contestaciones. Si ahora se deshace
en polvo, eso sólo significa que su hora había llegado
hace ya algún tiempo, pero mira ahora, y escucha:
puede ser que esté ahí almacenada otra vida
en escondrijos de los que nadie sabía; que ella,
no nosotros, seamos el cambio; que de hecho seamos ella
si pudiéramos volver a ella, revivir en parte el aspecto
que tenía, volver nuestros rostros al globo mientras se pone
y aún salir con bien de ello:
nervios normales, respiración normal. Al ser una metáfora
hecha para incluirnos, somos parte de ella y
podemos vivir en ella como de hecho hemos vivido,
con tal de dejar nuestras mentes en blanco porque el cuestio-
namiento
vemos ahora que no se dará caprichosamente
sino de un modo ordenado que no pretende amenazar
a nadie: el modo normal en que se hacen las cosas,
como el crecer concéntrico de los días
en torno a una vida: correctamente, si piensas en ello.
Una brisa como el volver de una página
trae de nuevo tu rostro: el momento
se lleva un enorme bocado de la neblina
de placentera intuición a la que sucede.
Encajar en un lugar es «la muerte misma»,
como dijo Berg de una frase de la Novena de Mahler;
o, para citar a Imógenes en Cymbel'me, «No puede
haber en la muerte pellizco más fuerte que éste», pues,
aunque sólo ejercicio o táctica, lleva
el impulso de una convicción que había ido creciendo.
La mera capacidad de olvido no puede borrarlo
ni hacerlo volver el deseo, mientras siga siendo
el blanco precipitado de su sueño
en el clima de suspiros lanzados a través de nuestro mundo,
un trapo encima de una jaula. Pero es seguro que
lo que es bello lo parece tan sólo en relación a una vida

específica, experimentada o no, canalizada en alguna forma

empapada en la nostalgia de un pasado colectivo.
La luz hoy se sumerge con un entusiasmo
que he conocido en otro sitio, y he sabido por qué
parecía significativo, que otros sintieron así
hace años. Sigo consultando
este espejo que ya no es mío
durante tanta activa ociosidad como esta vez
ha de tocarme. Y la vasija está siempre llena
porque lo único que hay es justamente tanto espacio
y en él cabe todo. La muestra que uno ve no ha de tomarse
como
eso tan sólo, sino como todo en cuanto
puede ser imaginado fuera del tiempo: no como un gesto
sino como totalidad, en el refinado, asimilable estado.
Pero, ¿de qué es este universo el pórtico
pues entra y sale, retrocede y avanza,
negándose a rodearnos y sin embargo la única
cosa que podemos ver? El amor una vez
inclinó la balanza pero ahora está en sombra, invisible,
aunque misteriosamente presente, por algún lado.
Pero nosotros sabemos que no puede intercalarse
entre dos momentos adyacentes, que sus meandros
no llevan a ninguna parte excepto a más afluentes
y que éstos desembocan en una vaga
sensación de algo que no puede conocerse nunca
aun cuando parezca probable que cada uno de nosotros
sepa qué es y sea capaz de
comunicarlo al otro. Pero la mirada
que algunos llevan como señal le hace a uno querer
avanzar haciendo caso omiso de la evidente
ingenuidad del intento, sin que le importe
que no esté nadie escuchando, ya que la luz
ha quedado encendida en esos ojos de una vez para siempre
y está presente, incólume, una anomalía permanente,
silenciosa y despierta. En su apariencia
no parece haber especial razón por la que esa luz
debiera enfocarla el amor, o por la que
la ciudad que cae con sus hermosas zonas residenciales
en el siempre menos claro, menos definido espacio,
debiera verse como el soporte de su progreso,
el caballete sobre el cual se desplegó el drama
para su propia satisfacción y hasta el fin
de nuestro sueño, ya que nunca habíamos imaginado
que acabaría, a la gastada luz del día con la pintada
promesa transparentándose como una prenda, un vínculo.
Este anodino tiempo diurno, que nunca estará definido, es
el secreto de dónde tiene lugar el sueño
y ya no podemos volver a las diversas
declaraciones contrarias acumuladas, fallos de la memoria
de los testigos principales. Lo único que sabemos
es que llegamos un poco pronto, que
el hoy tiene esa especial, lapidaria
calidad de hoy que la luz del sol reproduce
fielmente al proyectar sombras de ramas sobre aceras
amigables. Ningún día previo habría sido así.
Yo solía pensar que eran todos semejantes,
que el presente tenía siempre el mismo aspecto para todo el
mundo
pero esta confusión se desvanece al estar
uno siempre encaramándose en su propio presente.
Sin embargo el espacio «poético», pajizo,
del largo corredor que lleva de vuelta al cuadro,
su oscurecedor contrario, ¿es esto
aguna ficción del «arte», que no ha de imaginarse
como   real,   no   digamos   especial?  ¿No   tiene   también

su guarida
en el presente del que estamos escapando siempre
y volviendo a caer en él, como la noria de los días
sigue su sosegado, incluso sereno curso?
Creo que está intentando decir que es el hoy
y nosotros debemos salir de él del mismo modo que el
público
se abre paso ahora a empujones en el museo para
estar fuera a la hora del cierre. No puedes vivir ahí.
El gris barniz del pasado ataca toda destreza:
secretos de lavado y acabado que llevó toda una vida
aprender y son reducidos a la condición de
ilustraciones en blanco y negro de un libro en el que escasean
las láminas en color. Es decir, el tiempo todo
se reduce a ningún tiempo en especial. Nadie
alude al cambio; hacerlo podría
suponer llamar la atención sobre uno mismo
lo cual aumentaría el pavor de no salir
antes de haber visto la colección entera
(a excepción de las esculturas del sótano:
están donde les corresponde).
Nuestro tiempo llega a velarse, a verse comprometido
por la voluntad de durar del retrato. Insinúa
la nuestra, que teníamos la esperanza de mantener oculta.
No nos hacen falta pinturas ni
aleluyas escritas por maduros poetas cuando
la explosión es tan precisa, tan excelente.
¿Tiene algún sentido reconocer siquiera
la existencia de todo eso? ¿Existe
acaso? Desde luego no el tiempo libre para
consentirse pasatiempos majestuosos,
ya no. El hoy no tiene márgenes, el acontecimiento llega
de una pieza con sus bordes, es de la misma sustancia,

indistinguible. El «juego» es otra cosa;
existe, en una sociedad específicamente
organizada como demostración de sí misma.
No hay otra manera, y esos estúpidos
que lo confundirían todo con sus juegos de espejos
que parecen multiplicar premios y posibilidades, o
al menos confundir las cosas por medio de un aura
envolvente que corroería la arquitectura
del todo en una neblina de reprimida burla,
están al margen del asunto. Están fuera del juego,
que no existe hasta que ellos estén fuera de él.
Parece un universo muy hostil
pero puesto que el principio de cada cosa individual es
hostil a todas las demás y existe a costa de ellas
como a menudo han señalado los filósofos, al menos
esta cosa, el presente indiviso y mudo,
tiene la justificación de la lógica, que
no es mala cosa en este caso
o no lo sería, si la manera de contar
no se entrometiera de algún modo, tergiversando el resultado
final
en una caricatura de sí mismo. Esto ocurre
siempre, como en el juego en el que
una frase susurrada que da la vuelta a la habitación
acaba en algo completamente distinto.
Es el principio lo que hace las obras de arte tan diferentes
de lo que pretendió el artista. A menudo éste descubre
que ha omitido lo que se puso a decir
en primer lugar. Seducido por flores,
placeres explícitos, se culpa (aunque
secretamente satisfecho con el resultado), imaginando
que tuvo algo que decir y ejerció
una opción de la que apenas fue consciente,
ignorante de que la necesidad sortea tales resoluciones
para crear algo nuevo
por su cuenta, que no hay otra manera,
que la historia de la creación procede según
leyes estrictas y que las cosas
se hacen de este modo, pero nunca las cosas
cuya realización emprendimos y que tan desesperadamente
queríamos
ver nacer. El Parmigianino
debió darse cuenta de esto mientras trabajaba
en su tarea obstructora de vida. Uno se ve forzado a atribuir
la realización perfectamente plausible de un propósito
al terso, quizá incluso suave (pero tan
enigmático) acabado. ¿Acaso hay algo
que merezca tomarse en serio fuera de esta otredad
que se incluye en las formas
más corrientes de la actividad cotidiana, cambiándolo todo
ligera y profundamente, y arrancando la materia
de la creación, cualquier creación, no sólo la artística,
de  nuestras  manos  para instalarla en  alguna monstruosa,
próxima
cima, demasiado cercana para no hacer caso, demasiado lejana
para que uno intervenga? Esta otredad, este
«no ser nosotros» es cuanto bay que mirar
en el espejo, aunque nadie pueda decir
cómo llegó a ser de este modo. Un barco
enarbolando colores desconocidos ha entrado en el puerto.
Estás permitiendo a materias ajenas
quebrar tu día, nublar el foco
de la bola de cristal. Su escenario se pierde a la deriva
como vapor esparcido en el viento. Las fértiles
asociaciones mentales que hasta ahora venían
tan fácilmente, ya no aparecen, o rara vez. Sus
coloridos son menos intensos, desteñidos
por lluvias y vientos otoñales, echados a perder, embarrados,

devueltos a ti porque no valen nada.
Pero somos animales de costumbres en tan gran medida que sus

implicaciones todavía rondan en permanence, confundiendo las

cosas. Tomarse en serio tan sólo el sexo
es tal vez un camino, pero las arenas sisean
al acercarse al comienzo del gran deslizamiento
en lo que ocurrió. Este pasado
está ahora aquí: el rostro
reflejado del pintor, en el que nos demoramos, recibiendo
sueños e inspiraciones en una frecuencia
no designada, pero los tintes se han hecho metálicos,
las curvas y bordes no son tan ricos. Cada persona
tiene una gran teoría para explicar el universo
pero éstas no cuentan la historia entera
y al final es lo que está fuera de cada uno
lo que importa, para él y sobre todo para nosotros
que no hemos recibido ningún tipo de ayuda
para descifrar nuestro inmenso cociente y debemos apoyarnos
en conocimientos de segunda mano. Sin embargo yo sé
que el gusto de cualquier otro no va a ser
de ninguna ayuda, y se le podría también no hacer caso.
Pareció una vez tan perfecto: brillo sobre la delicada
piel pecosa, labios humedecidos como a punto de abrirse
liberando el habla, y el familiar aspecto
de las ropas y muebles que uno olvida.
Este podría haber sido nuestro paraíso: exótico
refugio dentro de un mundo exhausto, pero eso no estaba
en las cartas, porque no podría haberse tratado
de eso. Remedar la naturalidad puede ser el primer paso
para alcanzar una calma interior
pero es tan sólo el primer paso, y a menudo
queda como un congelado gesto de bienvenida grabado al
aguafuerte
en el aire que detrás se materializa,
una convención. Y verdaderamente no tenemos
tiempo para convenciones, salvo utilizarlas
para prender fuego. Cuanto antes se quemen
mejor para los papeles que tenemos que interpretar.
Te lo imploro por tanto, retira esa mano,
no la ofrezcas ya más como escudo o saludo,
escudo de un saludo, Francesco:
en la recámara hay sitio para una bala:
nuestro mirar por el otro extremo
del telescopio mientras tú retrocedes a una velocidad
mayor que la de la luz para al final aplanarte
entre los rasgos de la habitación, una invitación
nunca echada al correo, el síndrome de «fue todo
un sueño», aunque el «todo» dice bastante
sucintamente que no lo fue. Su existencia
fue real, aunque turbulenta, y el dolor
de este sueño que despierta no puede nunca acallar
el diagrama todavía esbozado en el viento,
elegido, pensado para mí y materializado
en el disimulado resplandor de mi habitación.
Hemos visto la ciudad: es el ojo protuberante
y reflejado de un insecto. Todas las cosas ocurren
en su balcón y se resumen en el interior,
pero la acción es el frío y empalagoso flujo
de una cabalgata. Uno se siente recluido en exceso,
cerniendo la luz del sol de abril a la busca de pistas,
en la mera quietud de la tranquilidad de su
parámetro. La mano no sostiene tiza
y cada parte del todo se desprende
y no puede saber que supo, excepto
aquí y allá, en fríos bolsillos
de remembranza, susurros salidos del tiempo.


("marcelo leites", trad. javier marías)